A ISABEL, por su paciencia y otras cosas. A PEDRO y ESPINOSA, mis primeros jefes. A FERNANDO, profesor de artes gráficas. A LUIS, buen jefe y, sobre todo, persona. A TONI, ahora más que nunca.
NOSOTROS, LOS DE ENTONCES, YA NO SOMOS LOS MISMOS

Algunos personajes o hechos que aparecen en estas galeradas son completamente ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
RAFAEL MERINO RAMÍREZ | Jubilado
Julián MIRANDA SANZ
LA COLUMNA DE UN EXLINOTIPISTA

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Podemos ficha a James Bond


viernes, 6 de noviembre de 2015

Exclusiva para EN GALERADAS

Descubrimos al tapado de Pablo Iglesias

Podemos contrata al comandante Bond para acabar con la corrupción

El comandante James Bond, a la salida de la sede central de Podemos, dispuesto a comenzar la nueva misión.
EL pasado martes, aprovechando la visita de Pablo Iglesias a El hormiguero, este programa lanzaba la noticia de la fusión de Podemos con el partido Ciudadanos que lidera Albert Rivera para formar un nuevo partido que se denominará Ciudademos. Asimismo, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el mismo programa nos desvelaba el nuevo fichaje que se incorporará a las listas al Congreso de los Diputados: el general Julio Rodríguez, jefe del Estado Mayor de la Defensa durante el segundo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Estas dos noticias, junto con la propuesta de un transporte público en el que todos los usuarios podremos ir sentados mandándonos nuestros whatsapp o leyendo sin sufrir molestias ni atropellos por parte del resto de pasajeros porque habrán desaparecido los horas punta, nos pusieron en alerta y la redacción de EN GALERADAS comenzó sus pesquisas especialmente sobre el ganeral Rodríguez, ya que sospechábamos que este nombre solo servía para tapar al verdadero número 2 de las listas de Podemos en Zaragoza.
Después de varios días de investigación, seguimientos y mucha paciencia, anoche, uno de nuestros reporteros descubrió en el Casino Gran Madrid (Torrelodones) al verdadero número 2 fichado por Podemos.
El tapado del partido que lidera Pablo Iglesias ni es general, ni ha estado al servicio del Gobierno de Zapatero, ni ha pertenecido al EMAD, ni será ministro de Defensa.
En realidad se trata del comandante Bond, James Bond, pertenece al servicio secreto de Su Majestad, el MI6, está a las órdenes de «M» y, por supuesto, tampoco es el número 2 sino el 007.
La verdadera misión del comandante Bond a las órdenes de su nuevo jefe «I» (señor Iglesias) será acabar con todos los corruptos que se pasean alegremente por España y por Cataluña. También, según ha podido saber EN GALERADAS, el señor Iglesias se ha visto obligado a contratar al señor Bond para realizar esta difícil y arriesgada misión porque el principal candidato que la organización Podemos tiene en sus listas de agentes para ejecutar este tipo de misiones, concretamente el señor Torrente, tiene un perfil que no resulta el más idóneo para llevar a buen puerto esta «Operación Rayo». También, según fuentes cercanas al comandante Bond, esta será la primera misión en la que 007 no tendra chica Bond a su lado, ya que el agente secreto ha renunciado al enterarse de quien iba a ser su fémina en esta misión: su nombre Esparanza Aguirre.
Desde esta redacción deseamos al comandante Bond la mejor de las fortunas en esta misión hispanocatalana.

Cuando las mujeres pierden los papeles


jueves, 4 de septiembre de 2014


Marta Ferrusola
Valèrie Trierweiler

L A vuelta del verano es propicia para reencontrarse con asuntos que durante el estío habían quedado un poco olvidados. En esta ocasión quiero referirme a dos acontecimientos que tienen por protagonistas a dos mujeres: Marta Ferrusola y Valèrie Trierweiler.
Dos señoras muy señoras, pero que dejan de serlo para pasar de honorable señora a indigna señora, la una, y de primera dama, a primera cotilla, la otra.
Mientras la honorable señora Ferrusola amasaba y transportaba la «pasta» de la Ciudad Condal a paraísos fiscales todo era buen porte y buena educación, pero cuando queda al descubierto que detrás de toda esa careta hay una trastienda oscura e ilegal, la honorable señora cambia su indumentaria para aparentar una humildad que no cala en el pueblo llano, porque este pueblo (y no sólo el catalán) ya está harto de tanto personaje «honorable» que le jode (pido perdón a las señoras por emplear este verbo, pero es el que describe con todo detalle el asunto de los Pujol).

Religión a la carta


viernes, 30 de mayo de 2014

ANTES de que el avión partiera de Tierra Santa, los periodistas que habían acompañado al papa Francisco durante la visita que el Pontífice había realizado a Oriente Próximo volvieron a formularle la pregunta sobre el celibato de los sacerdotes. Una cuestión que va cobrando enteros tras la petición al Santo Padre por cerca de treinta mujeres enamoradas de sacerdotes católicos para poder vivir su amor junto a estas personas. Una vez más, el papa Francisco respondió que la Iglesia deja una puerta abierta para aquellos curas que quieran casarse, ya que no se trata de ningún dogma.
Oídas y leídas las opiniones del papa Francisco sobre este tema, vemos a un Pontífice que no se decanta por una respuesta concreta, dejando en el aire la duda y aumentando la polémica. Esta actitud papal no sabemos si será porque entre sus antepasados hubo algún pariente gallego que emigró a tierras argentinas y del cual adquirió eso de cuando un gallego sube una escalera no se sabe si sube o baja, o como buen argentino que habla y habla y al final te vende su producto.
Por otra parte, la Iglesia lo que viene haciendo con este tipo de cuestiones es lo mismo que hace la Real Academia Española con las palabras incorrectas que a fuerza de repetirlas el ciudadano acaba por admitirlas en su diccionario.
Con todo esto, entendemos que los católicos tenemos una religión a la carta. Acatamos sólo los preceptos que nos gustan y los que nos son útiles en depende qué circunstancias. Por ello, quizá, nos resulte extraño, dramático y hasta cruel determinados comportamientos y leyes que propagan otras religiones u otras culturas.
Cuando una persona decide ser sacerdote, lo hace de una manera vocacional y de ninguna más; por ello, hace sus votos sacerdotales de pobreza, castidad y obediencia, y el faltar a cualquiera de estas promesas es mentir a toda una comunidad católica, por lo que este sacerdote faltaría al octavo mandamiento al estar mintiendo. Asimismo, incumpliría el segundo mandamiento al quebrantar una promesa hecha ante Dios. Todo esto sin contar las ostentaciones hechas fuera de la pobreza, la castidad y la obediencia.
Con la aparición de este grupo de mujeres enamoradas de curas y que comparten con éstos algo más que mesa y mantel, cualquier día emerge desde el feminismo una plataforma pidiendo el amor libre para las monjas que sientan la llamada del amor terrenal aparte del divino. Desde esta columna nos preguntamos qué diferencia argumentaría el papa Francisco a esta cuestión de igualdad entre monjas y curas.
A todos los problemas que tiene abiertos la Iglesia católica con el comportamiento cristiano y humano de sus pastores, ahora puede sumar otro más al hacer esta distinción entre curas y monjas en asuntos del corazón y no del divino precisamente, y ser tachada de machista.
Señores lectores, ¡qué Dios nos coja confesados!


Oh là, là!, Hollande


martes, 14 de enero de 2014


E
NTRE tanta crispación social, tanto paro, tanta crisis, tantos chanchullos no viene mal un poco de frivolidad aderezada con una pizca de sal y pimienta y si esta combinación nos llega desde el París de la France, mucho mejor.
El pasado fin de semana se conocía la noticia de la supuesta infidelidad de  François Hollande con su pareja Valérie Trierweiler. Al parecer, Hollande mantiene una relación (vox pópuli) con la actriz Julie Gayet según destapó la revista Closer. A partir de aquí, se vierten comentarios y opiniones para todos los gustos.
Esta infidelidad nacional no parece que les importe mucho a los franceses, ni a un servidor. Pienso que François Hollande puede hacer con su vida privada, y más en el terreno amoroso, lo que le parezca bien. Otra cosa sería que descuidara los asuntos de estado por un devaneo; pero si este señor dirige el país con responsabilidad, pienso que está cumpliendo con todos los ciudadanos. Otra cuestión sería que el apartamento, las flores, los bombones y el Dom Pérignon corrieran a cargo del contribuyente, pero si monsieur Hollande paga de su peculio particular, allá él con su cuenta corriente.
Quizá como hombre político debería haber llevado esta relación con Julie Gayet con más cuidado, pero ya se sabe que cuando las mariposas del amor revolotean nublan todos los sentidos y se pierde el control por muy presidente que sea uno.
Al parecer, una de las cuestiones que ahora preocupan a los franceses es la poca seguridad que llevaba su presidente (sólo un guardaespaldas). Si era una relación secreta y privada, ¿cuántos escoltas quieren que lleve? Lo más apropiado es el menor número posible de personas a su alrededor para pasar inadvertido, porque si le escoltan las Fuerzas  Especiales de la Legión darían el cante rápidamente.
Mientras tanto, su actual (o “ex”) pareja permanece ingresada en un hospital reponiéndose de un ataque de ansiedad, y Hollande, en su rueda de prensa para dar alguna explicación de por qué se veía con la actriz, añade otra incógnita a este vodevil: ¿quién de las dos damas en cuestión será la acompañante del presidente francés en su viaje a Estados Unidos previsto para el 11 de febrero? La respuesta la tendremos en breve. Y como dice mi portera cuando ocurre algo así: “que le quiten lo bailao”.
En Galeradas

Una rubia en el funeral


jueves, 12 de diciembre de 2013


L
A noticia del fallecimiento de Mandela ha dado la vuelta al mundo. Todos los informativos han emitido los actos que se han celebrado durante estos días en Sudáfrica con motivo del funeral por Mandela. Hemos asistido a una celebración histórica, por una parte, por lo que representa la figura de Mandela en todo el mundo, y, por otra, por la cantidad de jefes de Estado y personalidades que han asistido al evento.
Han sido días de auténtica celebración, con cánticos y bailes por parte de los habitantes de Sudáfrica que han mostrado al mundo su admiración y cariño por su líder Mandela. Pero cuando un acontecimiento, sea de la índole que sea, se alarga tanto acaba por derivar por otros derroteros hasta convertirse en una feria donde cabe todo. Y eso es lo que ha sucedido en el funeral del bueno de Mandela.
Los comerciantes de Sudáfrica no distan mucho de los de cualquier otro país a la hora de hacer negocio y, por ello, aprovechando la cantidad de días de duelo no han perdido ripio para hacer “su agosto” con la venta de toda clase de recuerdos.
Tampoco los políticos se diferencian del resto de los mortales, y entre el jetlag del viaje y los diversos actos del funeral acaban por perder la noción del tiempo y del lugar. Si a todo esto se une que a nuestro lado tenemos sentada a una rubia, entonces uno se olvida de todo porque, claro, para cuatro días que vamos a vivir, quién sabe si tendremos otra ocasión de guardar ese momentazo de coquetear con una señora como la que tenemos al lado.
Y esto debieron de pensar Cameron y Obama cuando vieron que una rubia danesa se encontraba entre ellos. Claro está que la señora en cuestión tampoco se quedó atrás, siendo ella quien inmortalizó el momento con su propio móvil, mientras los tres reían. Lo que no dice la noticia es si Helle, primera ministra de Dinamarca, que así se llama la rubia, tomo esa foto para dar celos a Berlusconi, que ya en su momento se fijó en ella.
Lo cierto es que esto a Michelle no le gustó nada y acabó poniendo tierra de por medio, es decir, ella misma se interpuso entre su marido y la ministra de Dinamarca al tiempo que ofrecía ese rostro que muestra una mujer cuando dice que no la pasa nada pero que sí la pasa y que ya puedes ir pensando en el sofá porque de cama nada. Sin embargo, Michelle debe entender que no es lo mismo estar sentado al lado de Angela Merkel por muy rubia que sea la alemana.
No obstante, parece que el asunto no ha ido más lejos, ya que Michelle y Barack aparecieron cogidos de la mano cuando regresaban a casa.
Tampoco podía faltar en esta historia del funeral un español. Y sí, ahí estaba Mariano Rajoy al más puro estilo tertuliano de programa donde se cuentan historias de alcoba para tomar nota de que los devaneos de Obama con Helle en la tribuna del estadio no eran casualidad, ya que el propio Rajoy vio al presidente de Estados Unidos en compañía de una mujer y solos en el gimnasio del hotel.
¿Y qué hacían en el gimnasio? ¿Y cómo era la señora? ¿Y en qué actitud estaban? Éstas son las preguntas que tenían que formular sus señorías de la oposición en el Congreso y dejarse de echarse la culpa el uno al otro, porque después de oír el lenguaje que han empleado Montoro y Elene Valenciano en sus últimas intervenciones también parecían tertulianos de programas de chismes vecinales. 

En Galeradas

LA COLUMNA DE UN EXLINOTIPISTA

Obama sigue firme
Por Julián Miranda Sanz


LAS noticias nacionales se agolpan en la prensa y en las cadenas de radio y televisión y no dejan apenas espacio para la información internacional. No obstante, manteníamos nuestra atención alerta por si oíamos alguna noticia sobre el pulso que mantienen republicanos y demócratas y las consecuencias que podemos tener si no llegan a un acuerdo.
La noticia llegó. Al parecer, los republicanos han propuesto una tregua de seis semanas a cambio de que Obama reconsidere su postura y entre en negociaciones sobre la reforma de los impuestos, la sanidad o las pensiones públicas.
Los republicanos saben que las encuestas se ponen en su contra. Obama respira algo más tranquilo porque continúa firme en su decisión.
Si cuando Barack Obama confesó el temor que tenía a su mujer porque ésta no le dejaba fumar le dirigí una carta en la que le daba la bienvenida al Club de los Huevones, es de justicia que ahora que ha permanecido firme en su decisión de no ceder al chantaje de los republicanos reconozca por medio de otra misiva su determinación.

Estimado Presidente:
Hace unos días te daba la bienvenida a este club, ya que habías tenido la osadía de manifestar públicamente por qué dejaste de fumar, y hoy deseo felicitarte porque has sacado la parte de león (esto de «león» quizá resulte algo difícil de traducir al inglés, ya que forma parte del lema del club; bueno, no te preocupes, Barack, que otro día te lo explico) que todos llevamos dentro y porque te has mantenido firme.
En la tertulia de los viernes, el colega José Luis se enfurruñó con nosotros porque le dijimos que así hay que hacer las cosas, con firmeza y sin ceder a chantajes. No le duró mucho el enfado porque Alfredo enseguida le consoló.
Nos ha gustado mucho la foto en la que apareces junto a tu vicepresidente Joe Biden, en mangas de camisa y con corbata, comprando un sándwich en Taylor Gourmet y mandando un recadito a los republicanos. La verdad, Barack, aquí ningún socio se imagina al colega Mariano y a Soraya comprando un pollo y unas sidras en Casa Mingo a no ser en tiempos de elecciones.
A los que tienes un poco cabreados es a los muchachos de la prensa. Al parecer, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) se queja de que, a pesar de tus promesas por ser la Administración con más transparencia en la historia de Estados Unidos, ésta brilla por su ausencia. Bueno, Barack, no te apures, aquí se filtran muchas más cosas y es un caos. Para que te hagas una idea te comento lo que últimamente ha dicho Cristóbal sobre los sueldos: «Los salarios no están bajando, están moderando su subida». Vamos, para que lo entiendas, que cada vez ganamos menos y encima los empresarios salen diciendo ahora que quieren moderarnos más los sueldos. Y así, todo.
Barack, en lo que no sois muy originales es en poner nombres a los casos, propuestas, leyes. Mira que poner a la ley sanitaria el nombre de  «Obamacare». ¿Te imaginas si ponemos aquí a una ley de sanidad «Matocare»? Para que te hagas una idea te cito algunos ejemplos: caso Pokemon, caso Malaya, caso Campeón, caso Camisetas, caso Picnic orepación Heracles, operación Puerto, y así podemos seguir que no terminamos con la lista. En esto tenéis que esforzaros un poco más.
Bueno, colega, que ya te he comentado unas cuantas cosas. Que te doy otra vez la enhorabuena por mantenerte en «tus trece» (esto tampoco sé si en inglés lo entenderás). Que nos tienes aquí para lo que quieras. Que en la tertulia de los viernes siempre nos acordamos de ti. Cuídate.
Recibe un fuerte abrazo de este colega que te respeta, te admira y te aprecia.

P.D.: Todos los socios te mandan un abrazo, un beso para Michelle y otro para Malia Ann y Natasha.

 
LA COLUMNA DE UN EXLINOTIISTA

Seguimos imaginando
Por Julián Miranda Sanz


EN los años 1960 había muchas cosas que los del grupo Cosecha del 68 teníamos que imaginar porque la censura era la fórmula empleada desde el Gobierno para dirigir la vida de los españoles. Todo se basaba en la imaginación y como ejemplo hoy tenemos el recuerdo de la revista La Codorniz, donde humoristas, dibujantes y periodistas agudizaban el ingenio y el magín para expresar todo aquello que no podía decirse. Imaginábamos un país en democracia, de igualdad, de bienestar. En nuestros sueños, sólo en nuestros sueños, veíamos a nuestros deportistas alcanzar éxitos en olimpiadas o campeonatos de Europa o del Mundo. Pensábamos que nuestros hijos podrían tener un futuro mejor. Queríamos un mundo en el que el respeto por la vida fuera para todos. Bueno, y por imaginar hasta en las películas teníamos que ver escenas donde no las había. Como dice mi amigo Cámara, he olvidado toda la represión de la dictadura, pero la sexual, ésa no; nunca la perdonaré.
 Sin embargo, hay cosas que con el paso del tiempo y de los gobiernos no cambian y tenemos que continuar echando mano de esa imaginación para poder verlas hechas realidad en España.  La prensa nos ofrece estos días dos noticias para mentes españolas imaginativas: el pulso que están manteniendo en Estados Unidos demócratas y republicanos sobre la reforma sanitaria, y el sueldo de 2.000 euros para todos los ciudadanos suizos, trabajen o no, que su Gobierno quiere implantar.
¿Qué pasaría si el presidente del Gobierno español de turno no pudiera aprobar los Presupuestos generales del Estado porque un partido político de los que demandan más euros para sus comunidades le negara su apoyo si no había «monis» por delante? La que se liaría en España, ni me la imagino por mucha fantasía que le ponga. Por el momento en Estados Unidos la Cámara de Representantes sí se ha puesto de acuerdo para aprobar una ley que garantiza que los 800.000 empleados federales que han tenido que dejar su puesto de trabajo pueden recibir su nómina. Este acuerdo ha sido tomado al quinto día del conflicto que mantienen republicanos y demócratas. Esta decisión tan rápida tampoco puedo imaginármela en España.
Por  lo que respecta a los 2.000 euros  de los suizos, pues eso, que no lo veo en España. No veo que el Gobierno hiciera una propuesta así y mucho menos que los españoles acudiéramos a las urnas para votar si estábamos de acuerdo con la «oferta Nescafé» que sería cómo se denominaría la propuesta en España. Los suizos irán a votar porque hacen cosas que los españoles no hacemos (bueno, casi nunca): no defraudan, no ensucian las calles, respetan los pasos de cebra, buscan soluciones a sus problemas, no se pierden en el tiempo con los juicios, ofrecen una educación escolar. Imagino que los españoles en lugar de hacer cola ante las urnas la haríamos ante las puertas de los bancos para cobrar cuanto antes, aunque seguiríamos pensando que el Gobierno se había quedado un «pelín» corto en su propuesta e, incluso, se convocaría alguna manifestación de protesta por no incluir las pagas extraordinarias.
En fin, hay cosas a las que los españoles de 2013 seguimos echándole imaginación, tanta o más que los españoles de 1960.
También nos llega la noticia de la tragedia del naufragio ocurrido en Lampedusa. Otro acto de imaginación. Continuamos sin dar valor a la vida de emigrantes que tienen que estar muy desesperados en su país para afrontar toda clase de peligros hasta llegar a una tierra donde poder comenzar una vida más humana. Lampedusa culpa de lo ocurrido a Italia y ésta a la Unión Europea y así, como dice el bolero, vamos pasando el tiempo. Una tragedia como ésta no es la primera vez que ocurre y si no se remedia tampoco será la última. Las soluciones hay que buscarlas ahora cuando todavía está reciente esta tragedia. Ahora hay que ponerse a cambiar antiguas legislaciones y establecer otras nuevas con las que todos los gobiernos debieran comprometerse para elaborar un mundo más humano.

ENTRE LA FICCIÓN
Y LA REALIDAD





Jubilado noctámbulo

EL DÍA EN GALERADAS
Jueves 16 de enero de 2020

Y ahora a por el Oscar
CONOCÍAMOS varias facetas de la vida de Pablo Iglesias, pero tras ser designado vicepresidente del gobierno de Pedro Sánchez, ha salido a la luz la verdadera vocación de Pablo Iglesias. Con su nombramiento para formar parte del nuevo gobierno progresista y de coalición y feminista y populista y oportunista y veleta se han confirmado los rumores que desde hacía tiempo venían rondando por esta redacción sobre una de las pasiones ocultas del exultante líder de Unidas Podemos: el cine.
Por ello es por lo que hoy publicamos el cartel que anuncia la última película que el gran actor Iglesias ha protagonizado: El hombre del Oeste, filme producido y dirigido por un novel director Sánchez. Con esta película, tanto el director como el actor quieren rendir un homenaje a la España del «blanco y negro» (representada en un mítico Kirk Douglas) y a la España del tecnicolor (personificada en el legendario Alfredo Landa), sirviendo como nexo de unión entre ambas el ya populista Pablo Iglesias, que lo mismo interpreta un drama o una comedia o un wéstern o una vicepresidencia.
Lástima que por demorarse su elección como ministro no pueda optar a los Oscar y haya llegado tarde para competir con Antonio Banderas por el premio a mejor actor. Pero démosle tiempo a este nuevo intérprete del séptimo arte que se atreve con todos los géneros de la interpretación.
Desde el pasado lunes 13 de enero se proyectan en las Salas de la Carrera de San Jerónimo los filmes más destacados de Pablo Iglesias. Títulos como El pisito, No sin mi Irene, Los tramposos, Deprisa, deprisa, Furtivos, Amantes, Mentiroso compulsivo o El Azotador, entre otros.
Desde esta columna deseamos a Pablo Iglesias los mayores éxitos en el desempeño de su nueva faceta por el bien suyo, por el de Irene, por el de Pedrín (el de Roberto Alcázar), por el populismo, por los que se han ido y por los que quieren irse y por los que llegan, por los del feminismo, por los LGBT, por los del cambio climático, por los colectivos marginados, por los de Teruel, por los del centro (bueno, por éstos no), por los que creen en la igualdad entre las mujeres y los hombres… Por todos ellos y todas ellas sí se puede.

Un Jubilado por la Gran Vía



EL DÍA EN GALERADAS
Miércoles 25 de diciembre de 2019

Las necesidades del espíritu
DOS veces al año, desde que me divorcié, quedo con mi amigo Andrés. Una cita es a principios de verano y la otra, cuando se acercan las Navidades. Si la cita corresponde con el tiempo de verano, solemos quedar en cualquier lugar del Levante y si el encuentro es durante la Navidad, nos citamos en cualquier restaurante de la Gran Vía madrileña. «Nuestra» Gran Vía.
A Andrés lo conozco desde aquellos años de juventud en que cada fin de semana echábamos nuestras partidas de billar y frecuentábamos discotecas en busca de muchachas que quisieran compartir con nosotros esos momentos que nuestra juventud nos demandaba entre la gloria y el infierno y que tenían lugar en un piso de alquiler en el que, aparte de estos encuentros compartidos, organizábamos partidas de cartas con otros amigos del barrio, celebrábamos cenas con largas sobremesas en las que cada uno a su manera contaba de qué forma podríamos vivir un futuro en libertad y en democracia; también solía contarse alguna que otra trola. Pues bien, aquel piso de alquiler era además la vivienda de Andrés.
Atrás quedaron todas aquellas aventuras amparadas en una loca y, en ocasiones, irresponsable juventud. La vida nos condujo unas veces por donde quiso y otras, por donde nosotros queríamos caminar o al menos eso pensábamos. Nuestros encuentros de juventud se desvanecieron por la situación laboral de cada uno de nosotros. Andrés marchó a trabajar durante largas temporadas a Londres y con ello nuestra relación se limitó a algunas cartas o a algunos encuentros esporádicos durante las vacaciones de verano que aprovechábamos para visitar algún lugar de moda durante la época estival. Sin embargo, cuando nuestra amistad se tambaleó hasta caer en un abismo fue cuando durante unas vacaciones de verano conocimos a dos jovencitas que a la postre fueron nuestras esposas. Vamos que nos casamos por la Santa Madre Iglesia y hasta que la muerte nos separase. Sin embargo, no fue la muerte quien nos separó, sino otras circunstancias que ahora no vienen al caso y que algún día desvelaré. Pero volvamos a mis encuentros con Andrés. En esta ocasión nos citamos en un restaurante de la Gran Vía. La emblemática calle de Madrid había sido engalanada con las luces que anunciaban la Navidad y por sus aceras transitaban ciudadanos, unos llegados de provincias y otros, lugareños, que ponían cierto colorido a la noche madrileña.
Andrés y yo contemplábamos toda esa fauna consumista como lo veníamos haciendo desde hacía muchas Navidades. Sin embargo, con el paso de los años, todo era distinto. Habían cambiado los locales, los cines, las salas de fiesta, los transeúntes... Había cambiado hasta la propia Gran Vía y, por supuesto, nuestras conversaciones, nuestras necesidades y, claro, nosotros mismos.
Es curioso comprobar cómo tu top de prioridades va experimentando variaciones con el paso del tiempo y, por ello, las necesidades espirituales sufren tantas variaciones como si de una bolsa de valores se tratara. Y a esas prioridades del espíritu son a las que Andrés y yo dedicamos nuestros encuentros gastronómicos y anuales. Al principio de estas reuniones, cuando teníamos unos cuanto años menos, nuestras conversaciones fluían al amparo de una cena sobre nuestros proyectos, nuestra vida laboral, nuestros ideales políticos, nuestro número de conquistas amorosas y de las no amorosas, nuestras aficiones y, a veces, hasta de nuestra familia, sin darle importancia al verdadero anfitrión de la mesa: el menú. A continuación nos trasladábamos a cualquier sala de fiestas o discoteca para concluir en no se sabía bien en qué cama ni quién era la morena o la rubia que teníamos junto a nuestro cuerpo desnudo.
El tiempo pasa inmisericorde y con él pasa nuestra vida. Deja de importarnos la política. De la oficina, ni hablar, tan solo algún vago recuerdo sin importancia. De la familia... de la familia, mejor dejarla correr como al agua. Las aficiones: las que nos gustan ya no podemos practicarlas y las que podemos practicar no nos agradan. Los amores... pues los amores ni correspondidos ni sin corresponder, salvo algún escarceo ocasional. Y de los alimentos, ¿qué? Pues que el que no perjudica al riñón hace daño al hígado o te sube el colesterol. Vamos, que estamos a punto de pasar esa raya que marca la frontera entre vivir una vida de privaciones de toda clase y comenzar a tomar pastillas para toda clase de remedios.
Por ello, en las comidas o cenas que celebro junto a mi amigo Andrés, por un lado, nos saltamos toda clase de recomendaciones, tanto de las médicas, de las sociales, de lo políticamente correcto como de las que nos inculcó la Santa Madre Iglesia condenándonos al fuego eterno si no cumplíamos sus preceptos y, por otro, mandamos al diablo todas las privaciones y nos ocupamos de esas necesidades del espíritu de las que los médicos no tienen ni idea y disfrutamos, al menos dos veces al año, de lo que son los placeres de la vida: un buen amigo, una exquisita cena sin restricciones y con su correspondiente sobremesa regada con un buen coñac, un paseo por los santos lugares de antaño, unas copas y una compañía femenina de coalición. En pocas palabras, lo que toda la vida se viene llamando «echar una cana al aire».

Un Jubilado por la Gran Vía



EL DÍA EN GALERADAS
Martes 26 de noviembre de 2019

Cómo dejé de fumar
HACE unos dias leí en la prensa que Robert Norris, más conocido como el «hombre Marlboro», había fallecido a los noventa años y que nunca había fumado. Yo sí fui fumador.
La noticia hizo que me retrotrayese a aquellos años en los que, aún siendo un imberbe, quería imitar e incluso ser el hombre de Marlboro. Transcurrían los años sesenta y a mediados de esa década dejaba la férrea disciplina de un colegio religioso con misa diaria y fiestas de guardar para enfrentarme con un mundo en el que todo me resultaba novedoso, fascinante, ilusionante y hasta turbulento y pecaminoso. Empezaba a ver cómo era la vida fuera de los muros del colegio.
Comencé a trabajar y aparqué los estudios. Descubrí mi barrio y conocí nuevos amigos. La diaria asistencia a misa fue transformándose en visita cotidiana a los billares del barrio. Las clases de matemáticas se convirtieron en lecciones de cómo hacer carambolas en el juego del billar. El amor cristiano que me enseñaron aquellos curas del colegio se convertía en amores paganos y sin duda acreedores de las penas más terribles del infierno.
Durante ese devenir entre lo prohibido y lo permitido, en mi vida irrumpieron el mítico vaquero que anunciaba los cigarrillos Marlboro con su icónico sombrero y Humphrey Bogart con su cigarrillo entre los dedos. Aquellas imágenes me trasladaban a un mundo que representaba para mí el poder, la seducción, la libertad, el placer... y comencé a fumar.
Fumaba porque, entre otras cosas, fumar era bien visto por la sociedad y hasta llegué a creer que ello me reportaba más éxito con las chicas y porque con un cigarrillo entre mis dedos me sentía más seguro.
En alguna que otra ocasión ofrecer un cigarrillo era una forma de comenzar una conversación e incluso servía para llenar esos silencios que a veces se producían durante algún encuentro, llamésmolo amoroso. Me gustaba que cuando salía con una chica, ésta fumara. Encender un cigarrillo y ponérselo entre sus labios o ver la marca que su carmín dejaba en la boquilla del cigarrillo eran situaciones que me proporcionaban grandes dosis de morbo, tantas como las que aún me producen unos tacones de aguja.
Los fines de semana (el resto de la semana fumaba Bisonte o Tres Carabelas) compraba un paquete de Marlboro y lo compartia con mis colegas en los guateques, durante los partidos de pelota en el frontón Madrid o durante las partidas de billar de domingo por la mañana.
Asi, entre bisonte y marlboro, entre el trabajo y los billares, entre charlas con los colegas y conquistas femeninas, fueron pasando los años y cada día iba incrementando el consumo del tabaco. Me encontraba seguro con un cigarrillo en la mano. Esa seguridad me daba fuerzas para emprender nuevas empresas, tanto profesional como personal. Me matriculé en la Escuela Oficial de Idiomas para cursar francés. Y durante un descanso entre clases fui a encender un cigarrillo y en ese momento de búsqueda por los bolsillos tratando de encontrar el encendedor fue cuando una de las chicas cercanas a mí me ofreció una carterilla de cerillas de esas que anunciaban, bien un bar de copas, bien una discoteca. Nos enrollamos.
Ninguno sabía el tiempo que duraría aquello. Sólo teníamos claro que nos gustábamos mutuamente, que queríamos disfrutar sólo el presente sin mirar el futuro y que a los dos nos gustaba fumar y así comenzamos a salir y a despertar partes de nuestra piel que teníamos dormidas. Nuestra aventura navegaba a favor del viento hasta que una de esas tardes que pasábamos en cualquier discoteca ocurrió lo que jamás imaginamos ninguno de los dos que pasaría: comencé a aborrecer el tabaco.
Aquella tarde transcurría como una de tantas otras. Bailamos. Nos besamos. Volvimos a bailar y volvimos a besarnos. Disfrutábamos el presente hasta que ella dio una calada y acercó su boca a la mía en un ademán de besarme.
Yo entreabrí mi boca como había hecho en otras muchas ocasiones esperando sentir su lengua explorando todo mi interior, pero lo que sentí fue toda una bocanada de humo que me produjo náuseas y un cabreo impresionante que tardé varios días en olvidarlo, no así la sensación de ahogo que me produjo aquel beso envenenado, pues cada vez que encencía un cigarrillo y daba la primera calada sentía una sensación de rechazo que me obligaba a tirar el cigarro al suelo y pisarlo con rabia.
Días después, mientras nos besábamos dentro del coche, ella volvió a repetir la misma acción de depositar el humo del cigarro dentro de mi boca con lo que logró que vomitara manchando su vestido y la tapicería del asiento del coche, y cogiendo esta vez un cabreo monumental, que quizá hoy sería catalogado de violencia machista.
Durante los días posteriores iba aumentando mi rechazo al tabaco y al mismo tiempo hacia aquella muchacha. Poco a poco fuimos espaciando nuestras citas hasta llegar al final de aquella aventura que comenzamos con una carterilla de cerillas. Ella se marchó a Granada, no recuerdo a qué. Yo abandoné la Escuela de Idiomas, marché a Gijón de comercial en un concesionario de coches y dejé mi adicción al tabaco.
Todavía hoy conservo aquella carterilla de cerillas y llevo un encendedor en el bolsillo de la chaqueta por si alguien se acerca para decirme: «Por favor, me da fuego».

Un Jubilado por la Gran Vía



EL DÍA EN GALERADAS
Miércoles 20 de marzo de 2019

Todo tiene su fin
ATRÁS quedó 2018. Un año que muchos recordaremos porque se celebró el cuadragésimo aniversario de la  Constitución española o el año que un tal Pedro Sánchez, tras pactar con Dios y con el diablo, se alzó a los altares del poder, disfrutó con un falcón, hizo más viajes que todos los jubilados del Imserso juntos y se aseguró una pensión de lujo de por vida para regocijo propio y señora. Esto es hacer carrera. Al término de su embarazo presidencial (comienzos de 2019), presentó sus memorias y, entre los cambios más sonados mediante decretos-leyes durante su mandato al frente del Gobierno de España, puede atribuírsele el de un colchón para cama de matrimonio. Por el momento no nos consta que también haya cambiado las almohadas y la sábana bajera por decreto-ley.
Sin embargo, para mí 2018 fue el año en el que se cumplieron cincuenta años de la creación de Cosecha del 68. No. No se trata de un vino. Cosecha del 68 obedece al nombre que un grupo de muchachos, allá por el año 1968 y por iniciativa de una jovencita llamada Natalia, decidieron en aquel verano dar nombre propio al grupo que desde hacía un año se divertía los fines de semana, y especialmente en verano, en la discoteca de Chapinería, un pueblo cercano a Madrid. Por ello, aquel verano del 68 fue algo especial para todos los integrantes de aquella cuadrilla (chicos y chicas).
Los fines de semana se sucedían, y la unión y la complicidad de todos nosotros iban ganando enteros. Solíamos reunirnos en Aldea del Fresno, lugar del que algún miembro del grupo era natural o bien sus padres tenían una segunda vivienda. La empatía que reinaba entre nosotros era tal que continuó más allá del verano y fue prolongándose durante el resto de las estaciones. Acudir un fin de semana a Aldea y Chapi fue convirtiéndose para todos nosotros en una fiesta de precepto y en lugar de amoríos para muchos, de amores para otros y de desamores para algunos. Todos ellos alimentados por la brasa que aviva el fuego hormonal propio de una juventud estigmatizada por la censura sexual a la que estaba sometida por el régimen franquista. Cosecha del 68 permaneció unido durante cinco años.
En el verano de 1969, el grupo musical Módulos lanza una de las baladas más destacadas en el panorama musical español, Todo tiene su fin, que acabó con la norma de que las canciones comerciales debían tener cerca de tres minutos de duración. (Años más tarde, esta balada recobró un gran éxito con la versión del grupo cordobés Medina Azahara publicada en 1992.) Está canción fue una de mis preferidas durante aquel periodo. A esta preferencia se sumó Natalia. Con sus acordes nos enamoramos, nos desenamoramos, nos quisimos y nos odiamos. El azar quiso que Todo tiene su fin también fuera el anuncio del final de Cosecha del 68. Poco a poco la cuadrilla fue disgregándose. Unos encontraron pareja fuera del grupo; algunos sufrieron desengaños y decidieron buscar consuelo en otro lugar; otros se trasladaron a otra ciudad e incluso a otro país. Este fue el caso de su fundadora, Natalia, que, tras vivir en varias ciudades españolas, se marchó a Montreux (Suiza) y de la que, debido a la falta de redes sociales y del wasap, no volví a tener más noticias, salvo en un par de ocasiones en las que coincidimos en la feria del SIMO allá por la década de 1980. El tiempo fue pasando y los veranos fueron sucediéndose hasta llegar a 2018.
El verano de 2018 me pilla en Madrid. Los paseos por su Gran Vía me habían ahorrado unos cuantos euros en psicólogos para superar una depresión tras mi separación. Una separación ya muy lejana, pero con heridas que ni el tiempo ha sido capaz de cicatrizar. Heridas más económicas que amorosas, pues mi ex me dejó solo con un póster de la Gran Vía de Madrid por todo patrimonio. El trayecto comprendido entre mi domicilio en la calle de Alberto Aguilera  hasta la plaza de Callao se había convertido en un recorrido cotidiano al atardecer que terminaba contemplando la Gran Vía desde el mirador del Club del Gourmet en El Corte Inglés mientras tomaba una cerveza.
En aquel verano de 2018, Madrid respiraba y vivía las Fiestas del Orgullo Gay. Unas celebraciones que no despiertan en mí interés alguno, aunque debo reconocer que le ponen un punto de color a esa Gran Vía de mis amores y pecados. Una Gran Vía a la que contemplaba una tarde más desde mi atalaya de El Corte, abstrayéndome del ruido que reinaba a mi alrededor.
De pronto, mi ensimismamiento se desvaneció al oír la melodía de un móvil tras de mí. Era aquella misma melodía que puso la banda sonora a unos años de juventud vividos y disfrutados entre la pasión y el odio. Sorprendido, me giré hacia atrás y quedé aún más sorprendido cuando vi quién respondía a esa llamada que acababa de producirse. «¿Sería ella?», me pregunté. Ambos nos miramos con cierto aire de perplejidad.
Cuando la mujer que respondió a la llamada terminó la conversación, se acercó y al llegar junto a mí me susurró: «Chapinería, Módulos, 1973». Sí. Era ella. Natalia Rodríguez del Álamo. Habían pasado cuarenta y seis años desde aquel verano en el que ambos habíamos bailado juntos aquella melodía por última vez. Pese al tiempo transcurrido, Natalia aún conservaba una estupenda figura que resaltaba con un conjunto vaquero. Se notaba que dedicaba parte de su tiempo a cuidarse.
La invité a tomar un café. Aquella complicidad y aquella chispa de antaño pronto aparecieron. El pasado y el presente se mezclaban atropelladamente. Paseamos por Gran Vía mientras hacíamos un repaso a aquellas noches de juventud que vivimos junto a la orilla del río Alberche. La chispa y la química fueron in crescendo y el tercer café se lo llevé a la cama.
El destino o la casualidad, no podría decir en qué proporción, quisieron que la canción de Módulos avivara nuevamente aquellas pasiones y que termináramos aquel asunto que un cabo de la Guardia Civil había interrumpido una madrugada de verano cuarenta y seis años antes porque estábamos quebrantando la moral y la decencia.
A la mañana siguiente de nuestro encuentro acompañé a Natalia a su hotel para que recogiera su maleta y partimos hacia el aeropuerto. Su vuelo para Montreux salía al mediodía. Nos despedimos con un abrazo, y al separarnos Natalia depositó un beso en la comisura de mis labios. Cuando quise hablar, ella poniendo el dedo índice en mis labios y con una sonrisa voluptuosa me dijo: «Por fortuna, Pedro Sánchez aún no ha podido desenterrar a Franco. Jamás perdonaremos al dictador la represión sexual que padecimos la Cosecha del 68».
Minutos más tarde, el vuelo con destino a Montreux partía de las pistas del aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez...
Una semana después de la partida de Natalia y mientras hojeaba una revista en la sala de espera del dentista, vi una fotografía de Natalia en la que aparecía detrás de una pancarta a favor de los gais y lesbianas en una de las muchas manifestaciones durante las Fiestas del Orgullo Gay. Aquella muchacha que en 1968 se quitó el sujetador para luchar por una incipiente igualdad de sexos y los derechos de la mujer, cincuenta años después continuaba su lucha.

(Así se fundó, así se reconstruyó y así se desvaneció Cosecha del 68 entre la ficción y la realidad.)

Un Jubilado por la Gran Vía