A ISABEL, por su paciencia y otras cosas. A PEDRO y ESPINOSA, mis primeros jefes. A FERNANDO, profesor de artes gráficas. A LUIS, buen jefe y, sobre todo, persona. A TONI, ahora más que nunca.
NOSOTROS, LOS DE ENTONCES, YA NO SOMOS LOS MISMOS

Algunos personajes o hechos que aparecen en estas galeradas son completamente ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
RAFAEL MERINO RAMÍREZ | Jubilado
Julián MIRANDA SANZ
LA COLUMNA DE UN EXLINOTIPISTA

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Yo, Sánchez


sábado, 11 de enero de 2020

EL mes de diciembre pasó y con él se fueron todas las presiones que nos atenazaron antes, durante y después de la Navidad: la celebración de la COP25, la angustiosa espera de la niña Greta Thunberg, una nueva intentona por parte de Pedro Sánchez de seguir manteniendo su mítico colchón en la Moncloa, la adquisición de los regalos de Navidad y Reyes, sortear las huelgas del transporte público, realizar los recorridos navideños por mercadillos y luces especiales para la ocasión, preparar las reuniones familiares, poner el belén, el árbol o ambas cosas, contestar a todas las «chorradas» que recibimos a través de las redes sociales... Y como con tan variopinto folclore y por aquello de que se termina el año y que vaya usted a saber lo que nos espera en los próximos 365 días, nos vinimos arriba y antes de que el reloj de la Puerta del Sol nos anunciara a golpe de campanada el final del año y el principio del nuevo, nos dimos cuenta de que desde la Semana Santa que pasamos en Benidorm aún no habíamos cumplido con el débito conyugal... Vamos, lo que nos faltaba: las prisas para tratar que la media anual de los débitos conyugales no descienda en las encuestas tan al uso.
Como no hay mal que cien años dure, todo pasa y las aguas vuelven a su cauce, de la niña Greta nada más se sabe y de los pocos acuerdos que se alcanzaron, eso sí, también a toda prisa, en la cumbre climática, son ya más que historia, son el colofón de unos días vividos por unos ecologistas vivalavirgen por la ciudad de Madrid. P. Sánchez, también a todo gas, encarriló su embestidura contra todo el que se oponía a un futuro Gobierno de progreso. ¿De progreso?, para los que dicen que sí se puede. A todo esto, nosotros un año más sobreviviendo a tamaños acontecimientos. Recogemos el belén, borramos de nuestro teléfono las fotos «chorras» que hemos realizado durante la campaña navideña, cambiamos los regalos de Reyes, organizamos la lista de los nuevos propósitos, durante varios días estaremos comiendo de «sobras» y viviremos con angustia por que hemos cogido algún kilo demás. Si nos ajustamos a estas actividades con las que comenzamos un año nuevo, nos damos cuenta que de progresistas no tenemos nada y esta carencia nos preocupa como nos preocupa saber para qué servirá el ministerio ese del 2030.
Y a partir de ahora... ¿qué? Pues que empieza a montarse otro belén: el de Pedro y Pablo. Un belén viviente en el que tanto Pedro como Pablo estudian cómo situar a sus figuras y éstas ya piensan en recolocar a su vez a las suyas, y las suyas a las otras, y las otras a aquéllas...; resumiendo que con tanta colocación están convirtiendo a la Moncloa en el camarote de los Hermanos Marx y, además, hay que ver en qué parte del belén sitúan a los caganers y a los que emprendieron la huida no a Egipto sino a Bruselas.
Como el flamante presidente de la España de coalición no quiere que los ciudadanos de a pie perdamos el interés por los asuntos progresistas y continuemos enganchados a la estela chulesca que despide su egocentrismo edípico, nos obsequia con otro típico de estas fechas: los fascículos y colecciones. Por ello, Ediciones Moncloa, bajo la supervisión de Pedro Sánchez, diariamente nos entrega el nombre de un ministro con su correspondiente cartera para el nuevo Gobierno heterogéneo, progresista y feminista. Lo que está por determinar es si estos fascículos y fascículas llagarán a completar la colección creada por P. Sánchez o, como ocurre con otras colecciones por fascículos, se queda interrumpida porque los contribuyentes se cansen de ellos y de ellas.
Una vez llegados a este punto, quizá ustedes se estén preguntando que cómo Irene no saca su feminismo y acepta las espontáneas decisiones del presi con el consentimiento de su Pablo. Pues está muy claro: con lo que les ha costado llegar a Galapagar e introducirse en los pasillos del Congreso hasta alcanzar los salones de la Moncloa, como para reprender o criticar las actuaciones y decisiones del señor presidente.
¿Y si después de todo esto resulta que Pedro Sánchez es un buen presidente, y que Pablo Iglesias saca el dinero a los ricos y los bancos para repartirlo entre los trabajadores y trabajadoras, y que Irene Montero logra la igualdad entre hombres y mujeres (por este orden), y que Quim Torra se quita el lazo amarillo de la solapa de su chaqueta y los separatistas hacen de la canción Y viva España su nuevo himno nacional…? Por cierto, ¿no echan, ustedes, en falta a Miquel Iceta? ¿Quizá esté aprendiendo alguna nueva coreografía?

¿Queda algún superviviente ahí?


sábado, 7 de enero de 2017

S
Í. Seguro que queda alguno o muchos que el próximo lunes o tal vez mañana domingo o quizá hoy mismo ya haya vuelto a esa rutina del hacer cotidiano a la que quizá ya estuviera deseando retornar.
Y es que desde que allá por el mes de julio ya comenzamos a ver los décimos para el sorteo de Navidad con ese reclamo publicitario que te penetraba como un dardo no venenoso sino peor aún: el de la duda de si este año puede que sea verdad y me toque. Pues bien, acuciados por esa duda y porque estamos de vacaciones y, entre otras cosas, podemos encontrar nuestra suerte, vamos y compramos un décimo por si acaso toca. Y así de esta manera comenzamos a vivir y navegar por una Navidad que aún tardará en llegar casi medio año, pero que casi sin darnos cuenta nos presentamos en el mes de noviembre en un pispás y entonces ya sí que no hay marcha atrás.
Estamos atrapados en una vorágine que sin poderlo remediar nos conduce a ese naufragio navideño del que cada uno intenta salir lo más airoso que puede. Un naufragio con cinco momentos peligrosos: Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes. Y eso sin contar las cenas de empresa; las comidas con los
Estamos atrapados en una vorágine que sin poderlo remediar nos conduce a ese naufragio navideño del que cada uno intenta salir lo más airoso que puede.
ex del trabajo o los amigos; la compra de los regalos para Papá Noel y los Reyes Magos; ver las luces de Navidad que adornan las principales calles de tu ciudad; los viajes por vacaciones de Navidad, o acudir con los más pequeños de la casa a Cortylandia. Por si todo esto no fuera suficiente, las mentes empresariales y gubernamentales se encargan de agitar más las aguas navideñas por las que navegamos para empujarnos a la compra, al despilfarro, a la algarabía, a un diviértete ahora que puedes que es Navidad.
Pero esto no termina aquí. Tenemos el obstáculo de los dulces navideños. Se nos amontonan. Y con ellos, el colesterol y el azúcar. Pero nada de esto nos importa. Es Navidad. Ya no hay crisis o al menos eso nos inculcan desde el Gobierno. Y nosotros seguimos comprando y comiendo aun sin saber para qué. No importa es Navidad y ya no hay crisis.
Tras todos estos estragos navideños y una vez superada la traca final: la devolución o cambio del regalo que Papá Noel o los Reyes Magos una vez más nos dejaron equivocado, comenzamos esa bendita rutina cotidiana de la que nunca deberíamos haber salido.
Y es que, queridos lectores, uno añora aquellas Navidades más sosegadas que comenzaban el día del sorteo de Navidad; sólo existían los Reyes Magos; no había tantas comidas ni cenas, ni de empresa ni familiares; la crisis se vivía en la mayoría de los hogares todo el año y no desaparecía ni por Navidad; las guerras hacían un alto el fuego porque era Navidad; las fiestas de Nochevieja se celebraban en comedor de la casa y por los pasillos se bailaba la conga; los más pequeños podíamos ese día de Nochevieja acostarnos tarde o no acostarnos; se escuchaban villancicos, y los mayores de nuestra casa nos repetían la misma historia cada Navidad: «¡Qué ganas tengo de que se terminen las Navidades!»
Pues eso, será que nosotros ya somos, al menos, mayores o que entre todos hemos convertido las Navidades en un gigantesco crucero que cada Navidad termina naufragando en un mar de guerras, desigualdades, deshumanización, excesos, prisas, caos o en una locura colectiva.

Todos al cine


martes, 25 de octubre de 2016

U
N año más se celebra la Fiesta del Cine con la que los organizadores pretenden que el público acuda a las salas de cine y para ello ofertan películas de estreno a precios de los antiguos cines de barrio de dos películas y No-Do.Y un año más, todos al cine porque lo dice la santa madre cinematográfica. Y un año más se forman grandes colas ante las taquillas de los cines para ver esa película que a precio normal nunca iríamos a ver.
Los organizadores se vanaglorian porque consiguen que el público acuda a las salas de cine a la sesión matinal, a la vespertina, a la nocturna y hasta a la de madrugada si esta existiera para ver cine y así demostrar, no se a quién, que el cine sigue siendo el séptimo arte para, por una parte, seguir consiguiendo alguna sustanciosa subvención del Gobierno de turno y, por otra, encaminar nuevamente a un público que hace tiempo perdieron a los cines. Pues una porra.
El público acude a la llamada cinematográfica por la sencilla razón de que el precio de una entrada es muy inferior a la de cualquier otro día, ya que una vez terminada esta «fiesta» se terminan las largas y conflictivas colas ante las taquillas de los cines y todo vuelve nuevamente a donde estaba; es decir, a la ausencia de público a las salas de cine y poder acudir con una gran tranquilidad a presenciar la película de turno.
Por otra parte, detesto todas estas iniciativas que nos dictan cuándo tenemos que ir al cine, cuándo tenemos que bailar, cuándo tenemos que viajar, cuándo tenemos que ser graciosos, cuándo tenemos que cocinar, y así infinidad de campañas que las cadenas de televisión nos presentan en su programación.
Me gusta el cine, cocinar, viajar, contar chascarrillos, bailar, pero lo que no me gusta es que me dirijan el cómo y el cuándo debo hacerlo, aunque esta manipulación venga envuelta en celuloide a bajo coste.
Ahora que estoy jubilado y que me he liberado de toda clase de opresiones e imposiciones, tanto sociales como laborales e, incluso, sexuales, no puedo consentir que ninguna campaña me dicte lo que debo hacer y cómo y cuándo debo hacerlo.
Voy al cine cuando creo que la película que me ofrecen va a gustarme y principalmente cuando me apetece. No necesito que nadie me indique lo que tengo que hacer para llenar mi parcela lúdico-festiva.
Así pues, siento defraudar a los organizadores de esta fiesta cinematográfica y a alguna otra persona ajena al mundo del cine, pero acudiré al cine, bailaré, viajaré, cocinaré, asistiré a clases de yoga o natación, iré al gimnasio y a tantas otras actividades cuando me apetezca y lo que me oferten sea de mi agrado. Fin.

EN GALERADAS


Meterse en un jardín


viernes, 20 de mayo de 2016

CON la decisión de la Delegación del Gobierno en Madrid que impedía la exhibición de esteladas en la final de la Copa del Rey que el Barça y el Sevilla disputarán el próximo domingo en el Calderón se dispararon todas las alarmas políticas y deportivas en el patio independentista y en ese otro que llaman «derecho de expresión y libertad».
Por unos momentos nos olvidamos de las nuevas elecciones generales, de los casos de corrupción, de los «papeles de Panamá», de los partidos políticos, de los políticos…, nos olvidamos de todo; es más, yo hasta me olvidé de mis futuras citas con los galenos, que ya es olvidar, y es que como decía don Quijote a Sancho: «con la iglesia hemos topado»; pues eso, con el fútbol hemos topado.
Pensamos que esta decisión de prohibir las esteladas en la final de la copa del Rey por la Delegación del Gobierno en Madrid ha sido por parte de Concepción Dancausa meterse en unos jardines en los que únicamente iba a encontrar enfrentamientos de toda clase, tanto políticos como deportivos, mientras no llegasen a rescatarla, como así ha sido, en forma de otro acuerdo por parte del Juzgado de lo Contencioso 11 de Madrid para autorizar las polémicas esteladas en la final que disputarán el Barcelona y el Sevilla el próximo domingo.
No vamos a entrar en si la decisión que ha tomado el juez sobre las banderas independentistas es la más acertada en derecho, pero de lo que sí estamos seguros es de que al menos es un acuerdo tomado con sentido común ante tanto oportunismo para hacer patria. Lo contrario hubiera sido negar una realidad y no querer ver lo que un domingo sí y otro también vemos en un Camp Nou plagado de esteladas cuando se celebra cualquier partido de fútbol, aunque lo prohíba la UEFA o el sursuncorda.
Tal vez pensaba Concepción Dancausa que prohibiendo las esteladas ya estaba solucionado la izada de estas banderas en el estadio Vicente Calderón. Si esto es lo que imaginaba esta señora, es que no tiene idea de cómo funciona esto del fútbol, por una parte, y sí muchas ganas de meterse en jardines, por otra. Porque ha de saber la señora Dancausa que ni ella, ni toda la Delegación del Gobierno en pleno, ni todos los populares con Soraya a la cabeza, ni todas las asociaciones antinacionalistas juntas iban a impedir a ciertos jugadores del Barcelona, si ganan la final al Sevilla, sacar la famosa y polémica estelada al final del partido para festejar sobre el césped del Vicente Calderón el título conseguido. Y si esto llegara a ocurrir qué va hacer Concepción Dancausa: ¿mandar a los municipales para que retiren las esteladas de las manos de los jugadores azulgrana?
Menos mal que en esta ocasión ha salido un juez con sentido común para dejar las esteladas en un lugar adecuado, aunque éste no sea el más correcto políticamente. 

EN GALERADAS


Siempre los mismos


viernes, 19 de febrero de 2016


UNA vez que Rita Barberá está puesta a buen recaudo con el seguro que le proporciona su aforamiento para evitar que la molesten jueces impertinentes. Una vez que Mariano Rajoy se ha instalado tras el parapeto que le ofrece una bandada de gaviotas a la espera de que sus adversarios políticos se despedacen entre sí y poder saltar sobre ellos para asestarles el golpe definitivo que no ha podido darles en las urnas y así continuar otra legislatura más contando milongas a los ciudadanos. Una vez que Pablo Iglesias nos ha dejado cristalino el cambio que pretende para España y la distribución de sus atribuciones en el nuevo Gobierno. Una vez que Pedro Sánchez no se aclara con lo de los pactos, ni con las decisiones que debe tomar, ni a quién debe consultar para expulsar a Rajoy de la Moncloa y auparse a ese sillón presidencial que desea hasta en los más recónditos de sus sueños, tanto en los que vive despierto como dormido. Una vez que Esperanza Aguirre ha puesto tierra de por medio (eso sí, con años de retraso) entre su supuesta honorabilidad y el ranero donde se instalan las personas que la han defraudado, que, por cierto, no son solo dos, basta mirar las hemerotecas para ver que han sido más de dos, y más de cuatro, y más de seis. Una vez que ciertos partidos ya han asustado lo suficiente a los ciudadanos con lo que les espera si otros ciertos partidos llegan al poder. Una vez que ya nos han hecho creer que lo que nos espera con los partidos emergentes es una hecatombe descomunal. Una vez que los ciudadanos nos enteramos del penúltimo caso de corrupción. Una vez que se han puesto en marcha todos los juicios que dormían el sueño de los justos. Una vez que Izquierda Unida tiene al alcance la realización de esos sueños inalcanzables hace unos meses. Una vez que Pablo se pone tan angustiado porque Pedro no le contesta a su invitación de pasear por la Moncloa y el parque del Oeste como dos amartelados. Una vez que…
Sí. Una vez que van pasando todas estas cosas, los ciudadanos nos preguntamos ¿y nosotros qué pintamos en todo este desbarajuste orquestal que se está dando en el patio político? Sinceramente. Creemos que, como diría un castizo, los políticos están choteándose de nosotros. Se ve tan claramente las ganas que tienen de ocupar esos puestos tan privilegiados que están solo al alcance de unos pocos y a los que antaño aspiraban personas con firmes ideales y que hoy basta con tener un bonito discurso y mejores promesas para presentarse al casting de las elecciones y salir presidente del Gobierno. También pensamos que ninguno de los que hoy pujan por ser presidente sean capaces por sí solos de organizar ni dirigir nada; unos, por decadentes, y otros, por emergentes, todos ofrecen vicepresidencias al oponente para que les dé un apoyo que no fueron capaces de conseguir en las urnas. Por todo ello estamos convencidos de que será necesario que los ciudadanos volvamos a las urnas y con nuestros votos poner las cosas más claras para que por fin tengamos un Gobierno.
Y es que a la postre los trabajadores, los pensionistas, las amas de casa, los estudiantes, los desempleados, los autónomos, los que tenemos vergüenza, pundonor y lo que hay que tener, como diría la Susana a su Julián en el conocido dúo de La verbena de la Palama, somos, en definitiva, los mismos quienes sacamos adelante esta España con cambio o sin cambio.

EN GALERADAS


El Gobierno de los Picapiedra


martes, 9 de febrero de 2016

EN la pasada edición de los premios Goya, Pablo Iglesias nos dejó clara su voluntad y la de su formación política con el cambio de imagen que nos ofreció por acercarse al Partido Socialista Obrero Español, por algo se empieza.
Pero no es solo la acción de desempolvar el esmoquin, sino que en Podemos a estas alturas de los pactos por alcanzar un buen puesto en el Gobierno ya todo les parece bien; es más, hasta estarían dispuesto a aceptar a Albert Rivera como acompañante de legislatura. Otro que estaría dispuesto a ceder a esta compañía de Ciudadanos es Alberto Garzón, ya que de poder estar cerca del Gobierno a casi desaparecer por voluntad de los ciudadanos en las urnas hay un gran camino. A este coro acompañante de Pedro Sánchez podrían unirse los catalanes y hasta los vascos. Y para que todo esto ocurra, Pedro Sánchez les ofrece un programa de «sírvase usted mismo».
Sin embargo, como la felicidad nunca es completa, ahora comienza a aparecer Mariano Rajoy, como si del mismísimo Azrael se tratara, tocando las campanillas y reclamando un puesto de esos 4.000 que están en juego con el cambio que anuncian los progresistas-reformistas.
Las impresiones que nos dejan todos los líderes de estos partidos que están interesados en formar un Gobierno reformista y progresista es que, amparándose en el interés general de los ciudadanos, faltaría más, lo que verdaderamente manifiestan es su interés general por alcanzar uno de esos puestos de privilegio que solo gozan los que consiguen un asiento en la presidencia y sus alrededores.
Por otra parte, nos tememos que Pedro Sánchez haga bueno a su colega de partido Zapatero. Aquel que hizo del Gobierno de España un Gobierno de Mr. Bean, por su parecido y por sus ocurrencias. En esta ocasión Pedro Sánchez en colaboración con Pablo Iglesias puede hacer un Gobierno de Los Picapiedra, por sus nombres, Pedro y Pablo, y porque los ciudadanos tendremos que aguantar las ideas de Pedro y la complicidad obligatoria de Pablo. Esperemos por el bien del interés general que en esta ocasión a este dúo no les pase como a su homónimo de la famosa serie y las empresas que emprendan les salgan mejor.


EN GALERADAS


¿Iremos a los penaltis?


martes, 2 de febrero de 2016


N O sabemos si será bueno o malo para España que no se forme un Gobierno que comience a ordenar todo este galimatías que se ha formado tras las elecciones del 20 de diciembre, pero de lo que sí estamos convencidos es de que como tengamos que acudir de nuevo a las urnas para unas nuevas votaciones nos vamos a enterar de muchas más cosas de las que sabemos hasta ahora en cuanto a todos los trapos sucios de los partidos.
Ninguno de los dos clásicos (PP y PSOE) pueden echarse en cara absolutamente nada en cuanto a casos de corrupción, aunque siempre el último episodio es el que más ruido deja, léase «operación Taula». Sin embargo, ¿por qué hemos de esperar a situaciones como las que estamos viviendo durante estos días en los que ningún líder es capaz de formar un gobierno para que los ciudadanos nos enteremos de que todavía quedan muchos políticos corruptos y muchos casos por destapar? Nosotros, los ciudadanos, suponemos que todos estos turbios manejos alrededor de la política tienen que ser sabidos por ministros, por presidentes de partido, por secretarios generales de partido, por alcaldes, por diputados, por directores de periódicos, por periodistas y demás personajes metidos en política desde hace mucho tiempo, pero que guardan en un cajón hasta que la situación sea propicia, según qué bando, para que salgan a la luz y que todo el mundo se entere. Si de verdad los políticos pensaran en los ciudadanos, como nos dicen, todos estos asuntos de corruptelas verían la luz en su momento y no en el momento que a determinado partido le interesa que salgan.
La cuestión es que vemos muy difícil que tras esta segunda ronda de conversaciones que el Rey ha mantenido con los líderes de los partidos con representación parlamentaria pueda alcanzarse un pacto entre los partidos del que salga el nuevo Gobierno. Ningún líder quiere hacer concesiones en sus planteamientos y así es imposible que se pueda formar gobierno alguno; por ello, nos planteamos la duda sobre qué es lo que hubiera pasado si estos líderes políticos hubieran tenido que hacer la primera transición; sinceramente pensamos que todavía estaríamos pensando si era bueno o no para la democracia legalizar el Partido Comunista, por poner un ejemplo.
A pesar de los deseos de Rajoy por mantenerse en el poder, de las ganas a ojos vistas de Pedro Sánchez por ser presidente del Gobierno, del empeño de Pablo Iglesias por ser el vicepresidente de un Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez y de un Albert Rivera que no sabemos muy bien dónde se quedará, pues bien, a pesar de todo, no vemos a ninguno con la capacidad total para dirigir a esta España del cambio.
Por ello, no nos extrañaría que la presidencia del Gobierno y demás cargos se decidieran en un tercer partido con nuevas votaciones y más si tenemos en cuenta esta moda que estos políticos del cambio, progresistas y emergentes se han sacado de la chistera: consultar a los militantes o, en su defecto, a los ciudadanos como hace la señora Manuela cuando ha de tomar una decisión urbanística. Sinceramente, esta moda que ellos denominan de transparencia y cercanía a los ciudadanos nos parece una majadería y una ausencia total de liderazgo y personalidad política. Los ciudadanos, los votantes, hemos depositado nuestra confianza en ellos para que realicen y gestionen las cuestiones que vayan surgiendo, tanto las fáciles como las difíciles, porque si no son capaces de tomar una decisión por sí solos y necesitan la opinión de los ciudadanos a cada decisión decisiva que han de tomar, entonces, señores, ni a los penaltis serán capaces de formar ese gobierno que les quita el sueño, el sentido y hasta el alma y a nosotros, sus votantes, nos quitan la ilusión de vivir en una España mejor y la esperanza de tener unos dirigentes capaces de tomar decisiones en momentos difíciles y están consiguiendo, no les quepa la menor duda, que cada día más pensemos que esto de la corrupción no hay quién lo arregle. 



La España del cambio


miércoles, 13 de enero de 2016

CON la proclamación del diputado socialista Patxi López presidente del Congreso comienza la andadura una nueva legislatura: la de la España del cambio, la de los partidos emergentes, decadentes y de los otros, la de la igualdad y feminista, la del progreso, la transparencia, los pactos y la honradez, en definitiva, la de una España desconocida hasta ahora.
Con tanto pacto sobre la mesa, con tantas quinielas sobre cómo se formarán las parejas de baile para comenzar esta nueva legislatura, con tantas cábalas sobre quién será el nuevo vecino de la Moncloa, con tantos diputados veteranos y noveles, hoy, 13 de enero de 2016, sus señorías han llegado al Congreso de los Diputados con una ilusión solo comparable a la de los niños que comienzan el curso escolar: besos y abrazos con antiguos compañeros, madrugones para no llegar tarde el primer día del curso, preparaciones de los cartapacios, despistes de los novatos, amigos, familiares y conocidos que despiden a sus políticos al pie de la escalera del Congreso, y más tarde ya en el hemiciclo las selfis correspondientes y a pasar lista. No ha faltado nadie.
Tan festiva ha sido esta mañana de invierno que el propio acto de elegir un presidente para este Congreso de los Diputados ha perdido toda la solemnidad que lleva aparejado semejante acto y nos ha dejado una ristra de actitudes carnavalescas: desde la llegada de algunos diputados en bicicleta hasta las charangas que anunciaban la llegada de más políticos, pasando por los consabidos políticos en zapatillas, descorbatados y en vaqueros.
Pero entre tanto carnaval, la palma de oro a Mear fuera del Tiesto se la ha llevado una diputada que ha querido demostrar con su bebé y su correspondiente carrito que no solo la Pedroche con sus «sin vestidos» es capaz de acaparar la atención de toda España (incluida Cataluña). Y así con este ímpetu feminista, la diputada ha paseado a su bebé por todo el hemiciclo, muchos se han hecho fotos con el pequeño, otros han tomado al bebé en sus brazos protagonizando una tierna imagen; el carrito del niño, escaleras arriba, escaleras abajo; «¿dónde ponemos el cochecito para que no estorbe?; ¿a ver si se va a caer Mariano y tenemos un disgusto?», se preguntaban ciertos diputados; «pero si hay una guardería para que las mamás y papás que no tengan con quién dejar a sus pequeños puedan dejarlos con total tranquilidad hasta que termine la sesión», decían algún diputado más veterano.
Visto todo el espectáculo que ha montado esta feminista a tiempo completo, no queremos imaginar lo que puede ocurrir en la tribuna de oradores del hemiciclo cuando entre en escena cierta diputada experta en formas de hacer caldos y conocedora de toda clase de huesos propios para estos menesteres culinarios. No tenemos duda alguna de que de continuar por estos caminos del feminismo en vez de hablar sobre leyes, decretos, proyectos o enmiendas sus señorías comentarán cuántas lavadoras ponen a la semana, cuánta cantidad de ropa tienen para planchar, el número de veces que pasan la aspiradora, los embarazos que han tenido o lo que cuesta la peluquería.
Si ésta es la España del cambio o de la igualdad que ciertos políticos nos prometen, que Dios nos ampare, hermano, porque con esta clase de diputados y diputadas (como gusta decir cierto político socialista) no llegaremos muy lejos y en cuanto a la igualdad de la mujer con el hombre este tipo de feminismo no le hace favor alguno a las pretensiones igualitarias de la mujer. ¿Se imaginan a una dependienta de El Corte Inglés con su bebé en brazos y el carrito al lado mientras nos informa de las prestaciones que nos ofrece determinado televisor?  
Después de este espectáculo ofrecido por la diputada feminista ¿continúan ustedes preguntándose el porqué muchos empresarios prefieren contratar a un hombre? 


EN GALERADAS


... y usted, ¿cuánto gana?


martes, 15 de diciembre de 2015


TRAS padecer la correspondiente parafernalia que acompaña a toda lid, anoche fuimos testigos del enésimo debate celebrado en esta campaña electoral con vistas al 20-D. El deseado «cara a cara» entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy había levantado una expectativa comparable a la que suscita cualquier clásico futbolero y a nuestro juicio creemos que, por unas razones u otras, no defraudó al interés general.
El comienzo de este «cara a cara» fue tal como se esperaba: un Pedro Sánchez que basaba sus ataques a Mariano Rajoy en la corrupción del Partido Popular y un presidente del Gobierno que no iba a entrar en ese terreno por mucho que se le provocara. El debate siguió los caminos trazados por ambos partidos políticos. Un camino que no resultaba extraño ni desconocido a los espectadores, pues se trataba del «… y tú, más» al que ya estos dos aspirantes al puesto de presidente del Gobierno de España nos tienen acostumbrados y aburridos a partes iguales.
Otra de las estrategias que Pedro Sánchez y Mariano Rajoy emplearon en su enfrentamiento fue, por parte del líder del PSOE, la de sustentar sus argumentos en todo lo que hay que cambiar en España para que podamos tener una sociedad más pujante, pero sin explicar a los españoles cómo todas esas mejoras, económicas en la mayoría de las propuestas, van a poder realizarse, y, por el lado del líder del PP, en ofrecer a toda España sus logros durante estos años al frente del Gobierno, pero sin dejarnos claro cómo vamos a arreglar todo lo que todavía falta por hacer.
Todo transcurría según las tácticas previstas por ambos líderes aspirantes a un puesto en la Moncloa hasta que Pedro Sánchez tiene la ocurrencia, o quizá pudiera también estar programada por todo el equipo asesor del líder socialista, de acusar a Mariano Rajoy de no ser una persona decente, por una parte, y no contento con esta aseveración sobre la honorabilidad del presidente del Gobierno, le espeta el malestar personal causado por el bajo sueldo que percibe por ser jefe de la oposición al Gobierno cuando su antecesor en el cargo (precisamente, Mariano Rajoy) recibía unos honorarios mayores.
Y claro, como era de esperar, en estas cuestiones con la Iglesia hemos topado. Cuando a una persona se le toca el honor y la reputación, esto son ya palabras mayores que nadie está dispuesto a pasar por alto y menos si esta ofensa viene acompañada por la curiosa y cotilla pregunta de «… y usted, ¿cuánto gana?». A partir de este momento, Mariano Rajoy abandona toda táctica conservadora, contemporizadora, pacífica que hasta el momento había mostrado y se desata una discusión que lamentablemente será la protagonista en la historia de este «cara a cara».
Pedro Sánchez se equivocó, intencionadamente o no, pero se equivocó. Se puede poner en duda o criticar abiertamente la labor, gestión y los métodos de Mariano Rajoy como presidente de Gobierno, pero no se le puede acusar públicamente ante millones de espectadores de «no ser decente» cuando no se tiene ni una prueba de ello. Seguro que esa vecina que escribió la carta a Pedro Sánchez en la que demandaba auxilio debido a la baja pensión que Mariano Rojoy la había dejado como consecuencia de los recortes se sonrojaría al oír las lamentaciones ante el mismísimo Rojoy del líder del PSOE sobre su bajo sueldo.
Visto y oído esto, esperamos que Pedro Sánchez, si logra ser presidente del Gobierno el próximo 20 de diciembre, no acuda a Bruselas llamando indecentes a todo el que se cruce en su camino y, por supuesto, que no tenga la ocurrencia de preguntar a la señora Merkel cuánto gana, porque entonces nos volveremos para España, como decía mi abuela Nicasia, con las orejas gachas y el rabo entre las piernas.




Vamos sobreviviendo


jueves, 10 de diciembre de 2015


EN primer lugar fue el debate de El País, donde los primeros espadas, a excepción de Mariano Rajoy, comenzaron a calentar motores con la vista puesta en las próximas elecciones del 20-D; después presenciamos el debate «a cuatro», llamado «el Decisivo» por Atresmedia, los organizadores del evento, y que al igual que el primero contó con la ausencia de Mariano Rajoy; a continuación se celebró otro debate en la plaza de TVE, aunque en esta ocasión podríamos catalogarlo en la sección de festejos dado el gran número de participantes y que los cuatro principales cabezas de cartel estuvieron representados por sus respectivos subalternos, y el próximo lunes podremos seguir otro debate en la ya «debatizada» Antena 3, aunque en esta ocasión será un mano a mano entre Mariano Rajoy (al que se le espera y se supone que llegará) y Pedro Sánchez (asiduo a Antena 3), las principales figuras de los dos partidos políticos más clásicos de nuestra democracia que, con su particular verbo, tratarán de convencer al público en general para que el próximo 20 de diciembre les premie con los votos.
Después de los dos principales debates (El País y Antena 3), con ganadores dispersos según tendencias y gustos personales, destacan, por una parte, las ausencias de Mariano Rajoy; unas ausencias criticadas en todos los medios, pero ya se sabe lo que pasa cuando uno se cruza con un gallego en una escalera: no se sabe si sube o baja, y por otra parte, los debutantes en estas lides televisivas nos ofrecieron una imagen insegura presa de los nervios propios de diestros que debutan en plazas con caballos y picadores; no así la vicepresidenta Soraya, acostumbrada a lidiar todo tipo de festejos, que se mostró con aplomo a pesar de los tacones, siempre femeninos y elegantes pero poco recomendados para permanecer a pie firme durante más de dos horas.
Dejando a un lado el primer debate celebrado en el diario El País y las valoraciones sobre las repetitivas propuestas de los distintos candidatos, nos quedamos con ese otro lenguaje corporal que los participantes nos dejaron en el «gran debate» en Antena 3.
En primer lugar y por aquello de la caballerosidad hacia las damas comenzaremos por Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta del Gobierno ofreció una imagen tranquila, serena e inalterable, solo perturbada por el tema de la corrupción, del que salió como pudo, dando una larga cambiada, que no fue poco; demostró oficio y dotes de mando como se pudo ver al principio del debate al colocar a cada colega en su sitio para que los fotógrafos pudieran obtener una instantánea mejor del cuarteto participante.
Pedro Sánchez pecó de sonrisa «profidén» y una vez más fue víctima de su obsesión de acabar políticamente con Rajoy y de tirar abajo todo lo establecido para reconstruirlo a la manera socialista. Nos ofreció al PSOE como el partido del cambio, de un cambio que los socialistas vienen ofreciendo desde los años de Felipe González. Un Felipe González que ha saltado a la arena para rescatar a un Pedro Sánchez que ni vence ni convence y que lo que ofrece es una figura de escaparate de Cortefiel. El actual secretario general del PSOE es una figura política confeccionada por parte de la prensa que lo presenta como un gran líder político al igual que ha hecho con otros ídolos, como Fernando Alonso, al que no le sirve ningún coche; Fernando Torres, famoso por el gol a Alemania en la Eurocopa 2008 y algún otro al Real Madrid y poco más, o el mismísimo Alejandro Sanz, que ni canta ni falta que le hace.
Pablo Iglesias fue el más natural entre todos los participantes. El líder de Podemos se presentó como un verdadero emergente: sin corbata, sin chaqueta, con las axilas sudorosas, con su bolígrafo Bic, con una pose de piernas separadas dando sensación de estabilidad y, cómo no, con su sempiterna coleta.
Por último, Albert Rivera, en su papel de imitador de Adolfo Suárez que fue uno de los artífices de la Transición, manifestó una serie de tics que delataban un nerviosismo que no sabemos si sería fruto de un traje estrecho que le oprimía y no le dejaba respirar bien o de estar en una plaza de primera con picadores ante más de nueve millones de espectadores.
Pese a todos estos debates y los que nos quedan por pasar hasta llegar al 20-D, a las encuestas, sondeos, pronósticos y demás zarandajas periodísticas, nosotros seguimos sobreviviendo, aunque no sabemos muy bien para qué tenemos que acudir a votar el 20 de diciembre si ya estamos sabiendo cómo van a pactar los partidos, con quién van a pactar y en qué posición van a quedar. Viendo y oyendo todo esto pienso que cada vez los ciudadanos somos una pieza más de toda la parafernalia que se forma cada cuatro años para firmar un contrato de trabajo a unos cuantos personajes que se parten el pecho mitineando durante algo más de dos semanas durante la correspondiente campaña electoral.


Pablo Motos presentará el debate del 7-D


viernes, 27 de noviembre de 2015

Pablo Motos y sus hormigas presentarán el «debate a cuatro» en Atresmedia

DE la «pegada» de carteles hemos pasado a la presencia en los platós de televisión y estudios de radio. No importa el programa televisivo ni el radiofónico al que se acuda; el propósito de todos los políticos con estas visitas es darse a conocer, mostrarse más cercanos a los ciudadanos y de paso ofrecer unas pinceladas de sus respectivos programas electorales al tiempo que meten pulla al adversario.
Sin embargo, seguimos pensamos, quizá porque aún guardemos algo de romanticismo, que aquellas «pegadas» de carteles al comienzo de la campaña electoral que eran acompañadas por mítines multitudinarios y con la tira de octavillas por la calle eran mucho más efectivas y afectivas a la hora de igualar
políticos con ciudadanos de a pie que las audiencias que hoy puedan conseguir los líderes políticos con sus apariciones en los medios informativos.
Estamos a pocos días del comienzo oficial de la campaña para las elecciones del 20-D y ya tenemos la principal cita electoral a la vista: el «gran debate a cuatro» del 7 de diciembre en Antena 3, que también podrá verse en La Sexta o escuchar en Onda Cero para que todo quede en casa.
Al igual que debates anteriores, este ya empieza con discrepancias. Unas diferencias que, desde nuestro punto de vista, no entendemos que se den en pleno siglo XXI y en una etapa donde todos luchamos por la igualdad entre hombres y mujeres. Nos sorprende muchísimo que Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias critiquen abiertamente a Mariano Rajoy por que no acude a la cita televisiva y en su lugar se presenta Soraya Sáenz de Santamaría.
Ellos, los Sánchez, los Rivera o los Iglesias que no paran de defender a la mujer, que luchan por la igualdad de las féminas con los hombres y hasta han cambiado las normas de la gramática española con sus «ciudadanos y ciudadanas», «trabajadores y trabajadoras», «madrileños y madrileñas», «niños y niñas» o la más impactante e ingeniosa en cuanto a igualdad: «miembros y miembras», hoy salen criticando la presencia de una mujer en el debate del 7-D. Señores, no nos cabe duda, ustedes son algo «machistas».
Por otra parte, pensamos por varias cuestiones que Mariano Rajoy sin acudir a este debate ya ha ganado el primer punto a sus opositores. Y es que Rajoy en algunas cosas aprende rápido y, por ello, envía a Soraya para que dé la réplica a los «machistas» y porque con la sabiduría que le dan los años sabe muy bien que una mujer siempre tiene razón y que diga lo que diga Soraya nunca se equivocará, entre otras cosas, porque una mujer nunca se equivoca. Además, los participantes masculinos tendrán que tener mucho cuidado con las palabras que emplean cuando se dirijan a la vicepresidenta porque pueden perder unos cuantos votos de las señoras ofendidas por las expresiones machistas que se empleen en el debate. Y es que como decía mi abuela Nicasia: «Donde esté una mujer, que se quiten los hombres».
Esta actitud feminista de Rajoy está siendo muy criticada en todos los ámbitos, tanto sociales como políticos, pero quizá la verdadera causa de su ausencia venga impuesta por la propia Antena 3 al imponer a Soraya Sáenz de Santamaría como representante del Partido Popular dado que la vicepresidenta fue quien acudió al programa El hormiguero al igual que el resto de los participantes y este debate esté comprendido en dicha participación televisiva y así de esta forma Atresmedia se aseguraría desde el comienzo una máxima audiencia al presentar juntos en un debate a los cuatro políticos que han pasado por el programa de Pablo Motos.
Y hablando de Pablo Motos, pensamos que debería ser este presentador quien moderase el «debate a cuatro» del próximo 7-D y que el escenario fuera el plató desde donde se emite El hormiguero. Con esta medida, Antena 3 también subiría la audiencia y ofrecería una expectativa mayor entre los ciudadanos al anunciar este debate como Especial Pablo Motos.
Por último, nos hacemos una pregunta: ¿dónde están las asociaciones feministas que no han salido a la palestra para defender a Soraya del machismo que rezuman nuestros principales políticos? 


Es la hora de decidir


sábado, 21 de noviembre de 2015


NOS encontramos a poco menos de un mes para las elecciones generales. Los partidos políticos comienzan su campaña electoral y sus respectivos líderes muestran las cartas que tienen para jugar la partida final en las votaciones del 20 de diciembre. Unas elecciones que ya tienen una marca muy particular producida por los recientes acontecimientos terroristas acaecidos últimamente en Francia y Malí.
Estos sucesos protagonizados por los yihadistas van a marcar el camino de una manera muy especial a todos los líderes políticos sin distinción alguna durante toda la campaña. La actitud que estos líderes adopten ante esta escalada de terror que cada día tenemos más cerca de nuestras vidas tendrá un papel decisivo en el resultado final de las elecciones generales. Y ellos saben que esto será así.
Si hay un candidato que sabe muy bien la repercusión que puede tener la decisión que tome sobre cómo actuar frente al terrorismo yihadista, ese es Mariano Rajoy. El líder del Partido Popular y presidente del Gobierno tiene que afrontar estas elecciones con sumo cuidado en cuanto a la posición que tomará España con relación a la ayuda a Francia y la participación en Europa en materia antiterrorista. Esta cuestión le ha llegado a Rajoy en el peor momento de su mandato. El lío del independentismo de Cataluña o el paro e, incluso, la corrupción de la clase política en general es peccata minuta para el presidente del Gobierno si lo comparamos con el posicionamiento, tanto ante los españoles como ante la Unión Europea, que tiene que tomar contra el terrorismo.
Mariano Rajoy recordará ahora muy bien que el Partido Popular ya perdió unas elecciones en 2004. El 11 de marzo, tres días antes de celebrarse las votaciones, Madrid vivió uno de los mayores atentados terrorista hasta el momento perpetrado por unos yihadista radicales en cuatro trenes de cercanías y en la estación de Atocha. Los populares perdieron aquellas elecciones de 2004, porque José María Aznar tomó la decisión equivocada: no decir la verdad al pueblo español sobre la autoría de estos atentados, por una parte, y el posicionamiento que había tomado anteriormente respecto a la guerra de Irak.
Por todo esto es por lo que hoy todos los políticos andan mirándose los unos a los otros para ver qué fichan mueven y bailan en la cuerda floja que los yihadistas han tendido bajo sus pies al tiempo que meditan y dan vueltas a las posturas que tomarán ante el terrorismo actual, por una parte, y lo que van a transmitir a los ciudadanos por otra. Pero la sensación que nos da a nosotros, a los ciudadanos de calle, es que ningún líder político quiere mostrar sus verdaderas bazas en cuanto al terrorismo yihadista.
Sin duda, creemos que no nos están diciendo la verdad y que esta verdad solo la sabremos una vez hayan pasado las elecciones y los resultados hayan puesto a cada uno en su sitio. Al hacer esta afirmación no nos dejamos llevar por el poco interés y el escaso entusiasmo que nos despiertan los actuales líderes políticos, sino que basamos nuestra aseveración en las maniobras que Rajoy está realizando para mantener contentos a españoles, franceses, americanos y a europeos en general frente a las peticiones por parte de Hollande.
Por último, pensamos que el resultado final de las próximas elecciones del 20-D estará marcado por los errores que los líderes políticos hayan podido cometer a la hora de contar a los ciudadanos el papel que representará España en Europa frente al terrorismo. Y el que más expone a la hora de informar a los ciudadanos es Mariano Rajoy. El anuncio por parte del presidente del Gobierno antes del 20-D de una participación militar directa en el conflicto terrorista quizá reste votos al Partido Popular en favor del resto de partidos. Por ello, creemos que no sabremos el verdadero alcance de tales decisiones hasta después del 20 de diciembre.


Las ofertas de Mas


viernes, 13 de noviembre de 2015


TRAS la segunda negativa del Parlament de Cataluña a investir a Artur Mas presidente y con la decisión del Constitucional de admitir a trámite el recurso del Gobierno para frenar la declaración independentista aprobada por el Parlament, todo continúa igual o quizá peor. ¿Qúe ocurrirá a partir de ahora? Ciertamente no lo sabemos, pero podemos intuir por dónde pueden discurrir los guiones que nos conduzcan al final de esta película con toques de independencia.
Cada actor continuará interpretando su papel mientras se negocia, por una parte, quién será el principal protagonista que asuma el papel de presidente y, por otra, se sopesa si es buena una colaboración con aquellos que están obligados a frenar a los independentistas. Los espectadores, nosotros los ciudadanos de a pie, continuamos boquiabiertos ante estos acontecimientos que se suceden sin ninguna solución definitiva y ante unas actuaciones por parte de los políticos que cada vez nos sorprenden menos aunque nos llenan de estupor al contemplar actuaciones como la protagonizada por Artur Mas a la hora de convencer a quienes tenían que votar a favor de su investidura.
Una actitud por parte del señor Mas que refleja cristalinamente, por una parte, lo que son capaces estos políticos para no perder ese trono que les legitima según ellos a hacer lo que les viene en gana y, por otra, muestra la figura de un vendedor de feria ofreciendo productos gratuitos (en esta ocasión en forma de vicepresidencias) para que los asistentes a su mitin lo encumbren a la presidencia del Parlament catalán, aunque por los resultados ese auditorio no está muy conforme con las ofertas arturianas y quiere algo mejor.
Por otro lado tenemos al equipo del Gobierno y a los figurantes que colaboran con él. Rajoy, como primera figura, continúa con sus discursos pero también continúa sin decirnos a los españoles cómo se va a solucionar la secesión de Cataluña. Todo lo deja a ver cómo se desarrollan los acontecimientos y a que no lo conseguirán, pero, señor Rajoy, díganos ya a todos de una vez qué medidas se van a tomar para acabar con todo esto. Porque lo del Constitucional tiene su guasa y su tiempo. Los señores jueces tienen cinco meses para pensarse qué van a decir en toda esta trama catalana-española. Tiempo más que suficiente para a ver si mientras se arregla la cuestión. Si este desenlace se veía venir, ¿por qué no lo tienen ya decidido? La cuestión es clara: o se permite que Cataluña se separe del resto de España o no se les autoriza esta ruptura que pretenden. No puede haber medias tintas porque hay cuestiones que no las admiten. Otro tema será cómo cada comunidad puede gestionar su territorio.
Lo que creo que nos puede dar miedo a los ciudadanos es lo que puede pasar a partir de ahora, porque no vemos una unión en todas las fuerzas políticas que se encamine a dar una respuesta a este intento de secesión catalana; tampoco vemos esa unión entre los propios independentistas. Y no vemos esa unidad porque lo que prima es el triunfo individual o de partido. Unos partidos que anteponen sus propios intereses a los de los ciudadanos. Unos partidos que viven este problema de la unidad de España con los ojos puestos en las próximas elecciones generales del 20-D.
Por último, queremos hacer una mención a nuestro joven rey Felipe VI. El monarca ha tardado en salir a la palestra y pronunciar ese discurso sobre la unidad de España y el respeto a la Constitución y no sólo ha salido tarde sino que además lo ha hecho a destiempo y en el lugar equivocado. No se puede aprovechar que se pasa por un acto promocional de la marca España para ya que estoy aquí pronuncio las palabras mágicas que calmen y den tranquilidad a los ciudadanos.
Estas palabras hay que pronunciarlas delante de unas cámaras solo y exclusivamente para los españoles y comunicarles cuál es la postura de la Corona ante los acontecimientos que se desarrollan en Cataluña y no para los asistentes al acto de promoción y que cada uno las interprete como le venga en gana. Las manifestaciones del rey Felipe VI nos parecen tardías y ambiguas porque una situación tan grave como ésta no se había vivido en España desde el 23 de febrero de 1981 y los españoles debemos saber qué postura adopta la Corona.



Otro 23-F


martes, 10 de noviembre de 2015

AQUEL 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero al mando de un grupo de guardias civiles asaltó el Congreso de los Diputados, los ciudadanos españoles sentimos miedo y experimentamos temor a que aquella democracia que tanto se hizo esperar, que comenzaba a proporcionar una estabilidad en la sociedad, que ilusionaba a los jóvenes porque veían en ella la posibilidad de vivir una vida mucho mejor que la que tuvieron sus padres, se podía ir al garete por obra y gracia de un grupo inconformista que no aprobaba el cambio que se estaba produciendo en la sociedad española.
Sí. Aquel 23-F hubo miedo, verdadero pánico, a perderlo todo, pero también sirvió para demostrar al resto de las naciones que los españoles, con todas sus fuerzas políticas a la cabeza sin excepción alguna, no estábamos dispuestos a tirar por la borda todo el esfuerzo que había supuesto conseguir la ansiada democracia, una democracia que hoy muchos no entienden lo que significa porque no quieren enterarse de lo que les costó a sus abuelos poder ser libres tras pasar una posguerra y una dictadura de más de cuarenta años.
Aquel 23 de febrero, los españoles vimos cómo reaccionaban el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y el vicepresidente, Gutiérrez Mellado, plantando cara a los golpistas en el Congreso de los Diputados y cómo el Rey aparecía en televisión para tranquilizarnos y dejar claro a los iluminados salvadores quién daba las órdenes. Estas acciones de firmeza y seguridad en una democracia mostraron patentemente una rapidez de respuesta inmediata a unos hechos que pretendían la desestabilización de todo lo conseguido.
Pues bien, ayer 9-N, aprovechando la pasividad de un Gobierno español, se producía otro golpe de Estado en el Parlament de Cataluña cuando un grupo de independentistas desafió por enésima vez a todo el Estado español y por enésima vez este grupo se pasó todas las leyes por la plaza de Canaletas. Y a todo esto el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y el resto de líderes con Pedro Sánchez al frente discutiendo cómo frenar las acciones de estos golpistas, porque por muchos eufemismos que se quieran emplear lo que están haciendo Artur Mas y compañía es dar un golpe de Estado en toda regla, aunque en esta ocasión sin disparos y sin metralletas.
A estas alturas de los acontecimientos, el Gobierno ya tenía que haber tomado alguna decisión que hubiera paralizado esta «desconesión», como algunos gustan en llamar a este asalto a la democracia, desde el primer momento. Porque si hasta hoy todas las leyes, todas las decisiones de los jueces, todas las respuestas amparadas en la legalidad estos señores se las pasan por el arco del Triunfo, ¿los ciudadanos nos vamos a creer que ahora van a acatar la decisión del Constitucional por muy de nuestra parte que esté la ley como nos dice la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría? o acaso, señor Rajoy, ¿va usted a enviar a la Guardia Civil para que impida que este proceso independentista llegue al final?
Lo que de verdad sentimos los ciudadanos es una manifiesta inseguridad en sus decisiones y una patente debilidad en el resto de los líderes políticos que con sus propuestas de cambios (a las que no tardando mucho se enganchará Mariano Rajoy) solo pretenden cambiar la Constitución para que estos independentistas puedan hacer lo que les venga en gana y así de paso Pedro Sánchez y compañía asegurarse un trozo de tarta en el nuevo Estado y la república catalana y en las sucesivas que llegarán a continuación, como la gallega, la vasca, la valenciana, pues con las nuevas reformas constitucionales convertiremos todo el monte en orégano.
Sin embargo, mirándolo por el lado positivo que tanto nos recomiendan ahora, al menos yo podré viajar al extranjero sin salir de mi país, cosa que no está mal teniendo en cuenta que con los años uno va perdiendo las ganas de moverse. En todo este asunto hay una última cuestión que me preocupa como jubilado: ¿los viajes del Imserso cubrirán estos nuevos Estados como destinos de vacaciones? Señores del Gobierno ya pueden comenzar a estudiarlo.



Deprisa, deprisa


martes, 3 de noviembre de 2015

LOS partidos independentistas con Carme Forcadell, presidenta del Parlament, al frente continúan con su órdago de secesión y anuncian para el próximo 9 de noviembre el pleno para votar la independencia de Cataluña. Mientras tanto, Mariano Rajoy continúa con sus rondas informativas y se reúne un día sí y otro también con todo aquel que está en política. «¿Qué hacemos con estos que nos han salido algo díscolos y no hay manera de reconducirlos?», se preguntará el señor presidente del Gobierno ante el visitante de turno en la Moncloa. Unos contestan que debemos unir posturas y esfuerzos para combatir el proceso independentista; otros proponen que deben hacerse cambios en la Constitución o donde sea, la cuestión es cambiar aunque no se sepa muy bien qué hay que cambiar, y algunos se ofrecen a practicar un diálogo con nuestros vecinos de Cataluña para llevar a buen puerto a todo aquel que se quiera independizar, pero se prestan a un diálogo cuyo resultado final también anuncian: celebrar un referéndum, una consulta por la que Artur Mas y compañía siempre se han decantado y, además, la han realizado, con otro nombre, con otras palabras, sí, pero ya la han realizada, y que ahora con esta propuesta de algunos partidos, que ya no tienen mucho que decir en el panorama político, se podría realizar con todas las de la ley.
Todo este trasiego de idas y venidas a la Moncloa, aparte de recordarme el camarote de los hermanos Marx en el que no dejaba de entrar gente, me recuerda la fábula Los dos conejos, de Tomás de Iriarte, en la que se relata cómo dos conejos se enzarzan en una polémica sobre si sus perseguidores son galgos o podencos en vez de buscar caminos que les pusieran a salvo de sus perseguidores y, claro, al final resultó que los galgos o podencos o lo que fueran atrapan a los conejos. Pues eso mismo les pasa a Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y demás conejos discrepantes, que mientras ellos continúan discutiendo qué hacer, los galgos, podencos o lo que sean siguen haciendo lo que quieren y, además, continúan pidiendo más dinero al Estado para gastos, de los superfluos y de los otros.
Si José María Aznar perdió unas elecciones por los atentados en Madrid el 11-M al empecinarse en que los autores eran unos y no otros, hoy su colega Mariano Rajoy sabe que le puede ocurrir lo mismo y que está en el aire su renovación presidencial en las próximas elecciones del 20-D. La falta de previsiones en este asunto secesionista del pueblo catalán, el querer arreglarlo ahora todo con esta ronda de visitas precipitadas a la Moncloa, el ponerse contrarreloj para encontrar unas soluciones que ya debería tener tomadas y consensuadas con el resto de partidos (tiempo ha tenido, señor Rajoy) indican una falta de ideas y una carencia total de decisiones que pueden conducirle a un final parecido al de los conejos de la fábula y termine devorado por los resultados de las urnas, aunque en el peor de los casos siempre le quedará un posible pacto con algún adversario de viaje que no rehusará apoyarle siempre que las concesiones, las que sean, resulten suculentas.
Creo que los ciudadanos estamos hartos de tanta improvisación, de tanta mentira, de tanto cambio que no conduce a ninguna parte porque al final volvemos al principio, de tanto esperar a que las cosas se arreglen, de tanto señorito que desarregla lo que ya estaba arreglado, de tanto caradura, de tanto salvapatrias, de tanto ecologista, de tanto «ahora no hay crisis, ahora sí hay crisis», de tanto oportunista, de tantos derechos y tan pocas obligaciones y cansados de tanta discusión sobre si son galgos o son podencos.


La independencia que llega


viernes, 30 de octubre de 2015

SOMOS un país que se mueve por impulsos, aparte de ir dejando todos los asuntos para última hora y a ver qué pasa. Y decimos que actuamos a través de impulsos porque no prevemos más allá de lo cotidiano, poniendo paños calientes a todo como si se tratara de ese ungüento que aplicaban nuestros abuelos para paliar cualquier dolor. Un ejemplo reciente de esta forma de actuar lo tenemos con la famosa foto del niño sirio que fue hallado ahogado en la playa y que fue el detonante para que toda la sociedad de repente adquiriese unas ganas enormes de solucionar el drama de los refugiados sirios cuando este drama ya convivía con nosotros desde muchos años atrás.
Esta sensación de acuciante necesidad de parar el proceso independentista de Cataluña es la que palpamos ahora en el Gobierno que preside Mariano Rajoy tras los últimos movimientos de los partidos independentistas catalanes al proclamar a los cuatro vientos lo que quieren ser o mejor dicho lo que ya algunos argumentan que son, como dijo Carme Forcadell al terminar su primer discurso como presidenta del Parlament: «¡Viva la República catalana!».
Ahora Rajoy, a través de ese impulso tan español, corre para reunir a todos los líderes de los partidos políticos para tratar las formas y los medios para frenar una locomotora catalana que vemos llegar a gran velocidad. Ya no valen que salgan a la luz los embrollos de la familia Pujol y quizá algún otro que está por llegar. No. Esto ya no es suficiente para distraer a nadie. Está bien que estos fraudes los conozcamos, pero no ahora, sino hace años, ya que según ahora sabemos este asunto de los Pujol empezó en 1992.
Rajoy ha ido dando largas cambiadas, si me permiten el símil taurino, sin atajar desde los primeros momentos la cuestión independentista. 
Mucho decir no van a hacerlo; no es conforme a la ley; no lo conseguirán; los jueces lo impediran; pero lo cierto, lo que hoy estamos viendo y viviendo, es que los independentistas catalanes son los únicos que han dado los pasos hacia delante y los que se han movido para conseguir su independencia. Una independencia que tal vez los propios catalanes y no otros hayan puesto en peligro al querer aprovechar ese nerviosismo que los políticos padecen ante el asomo de unas elecciones por temor a no ser incluidos en las listas de su respectivo partido y quedar fuera del suculento reparto parlamentario. 
Lo que ahora palpamos en el ambiente es una maraña de tal calibre que pensamos tiene una solución cuando menos complicada, porque no vemos ni a los líderes de los principales partidos políticos, ni a Europa (que quizá tenga algo que decir), ni, por supuesto, a Mariano Rajoy capaces para solucionar esta cuestión independentista, porque, entre otras cosas, nadie sabe qué hacer, y así es complicado llegar a ningún acuerdo.


Elecciones


lunes, 26 de octubre de 2015

DESDE que en el mes de enero fueron convocadas las elecciones andaluzas hasta las próximas generales del 20 de diciembre estamos viviendo un año de precampañas electorales lleno de buenas intenciones y de mejores promesas, algunas de ellas continúan en el limbo de los justos si es que aún existe ese lugar tan bíblico. Este año, que pronto liquidaremos, ha sido un periodo de hartazgo con mensajes de mejoras, de cambios y de superación mezclados con promesas de nuevos horizontes. Creo que hemos perdido ese punto en el que dicen que está la virtud; ahora o es todo blanco o es todo negro. Además de este término medio nos hemos olvidado de otro punto: el del sentido común, que hemos cambiado por el punto del impulso. Un impulso que hace que nos movamos llevados por una inercia a golpe de mensajes, hechos o recomendaciones que nos han invadido la mayoría de nuestro espacio vital.
El próximo 20 de diciembre, los ciudadanos estamos llamados a las urnas para decidir quién será nuestro próximo «padre patrio» que nos conduzca por el desierto hasta alcanzar el oasis soñado. Un oasis que todos los políticos nos prometen y que se encargan de hacernos ver que, además, existe. Sin embargo, a estas alturas del año y después de pasar por múltiples campañas electorales, creemos que el ciudadano ha perdido toda referencia de partido político a quien votar. Cada persona tiene una predilección por determinado color político y una fe en algún político en concreto a la hora de depositar su voto, pero esta idea cada vez se derrumba más estrepitosamente con los pactos poselectorales a los que los políticos y sus respectivos partidos se ven abocados para alcanzar sus propósitos: conseguir el poder y, en el mejor de los casos, el premio gordo: la Moncloa, y así de esta forma van acabando con esas ideas políticas de los ciudadanos cuando acudimos a las urnas para depositar nuestro voto. Un voto que, como digo gracias a esos apaños entre candidatos al premio electoral, va a parar al político al que nunca hubiéramos votado.
La fecha del 20-D nos trae a la memoria otro 20 de diciembre, pero del año 1973 cuando ETA asesinó al almirante Carrero Blanco, entonces presidente del Gobierno. Aquella jornada comenzaba plagada de incertidumbres. Cuando en la mañana de aquel 20 de diciembre se produjo la explosión que acabó con la vida de Carrero Blanco, se creó tal desconcierto en todos los medios y en la sociedad en general que nadie sabía qué había ocurrido en realidad, y ese desconcierto fue tornándose incertidumbre a medida que las horas iban pasando y se desconocía lo que podría ocurrir a partir de ese momento. Las calles de Madrid, sus principales arterias, como la Gran Vía, de la que dicen que nunca duerme pero que aquella noche de diciembre sí paró su frenético transitar, y los ciudadanos en general quedamos paralizados por un miedo a perder lo que los de aquellas generaciones estábamos atisbando en el horizonte de una España nueva, de una España que podía cambiar y de verdad: una democracia después de cuarenta años de dictadura, pues Franco por aquella época ya estaba en horas muy bajas y casi resignado a que su tiempo había pasado.
Y de aquella noche de diciembre, preñada de incertidumbres y zozobras, pasamos a la alegría desatada en junio de 1977 por el alumbramiento de las primeras elecciones democráticas en España tras cuarenta años de dictadura franquista. La gente salió a las calles para manifestar su alegría y su fervor y los políticos no nos ofrecían tantas cosas como ahora, solo prometían y deseaban libertad y un cambio en la vida de los ciudadanos, pero un cambio en libertad y sin iras como decía la canción del grupo Jarcha. Esa alegría y ese fervor de libertad y cambio volvió a vivirse en octubre de 1982 con un joven Felipe González que ganó las elecciones generales.
Entre aquellas dos elecciones de 1977 y 1982, ganadas por Adolfo Suárez y Felipe González, respectivamente, y esta ristra de elecciones que hemos padecido este 2015 vemos una gran diferencia: aquellos políticos, aquellos líderes, ilusionaban a los ciudadanos y transmitían seguridad y eran fieles devotos a sus ideas.  Los señores que hoy se dedican a la política han elegido ésta como un trabajo muy bien remunerado en el que a unos se les ha ido la mano al cajón de los cuartos y otros han tenido que acudir para sujetar dicho cajón y evitar que quedaran con la mano atrapada de por vida, cosa que no siempre han podido al quedar también ellos cogidos en ese intento salvador.
Señores líderes, céntrense en hacer política con arreglo a sus ideales de partido y no se presten ni cedan a cambios de pensamientos por alcanzar la meta situada en la Moncloa porque lo que están consiguiendo es sembrar la duda y la desconfianza entre los ciudadanos.



ENTRE LA FICCIÓN
Y LA REALIDAD





Jubilado noctámbulo

EL DÍA EN GALERADAS
Jueves 16 de enero de 2020

Y ahora a por el Oscar
CONOCÍAMOS varias facetas de la vida de Pablo Iglesias, pero tras ser designado vicepresidente del gobierno de Pedro Sánchez, ha salido a la luz la verdadera vocación de Pablo Iglesias. Con su nombramiento para formar parte del nuevo gobierno progresista y de coalición y feminista y populista y oportunista y veleta se han confirmado los rumores que desde hacía tiempo venían rondando por esta redacción sobre una de las pasiones ocultas del exultante líder de Unidas Podemos: el cine.
Por ello es por lo que hoy publicamos el cartel que anuncia la última película que el gran actor Iglesias ha protagonizado: El hombre del Oeste, filme producido y dirigido por un novel director Sánchez. Con esta película, tanto el director como el actor quieren rendir un homenaje a la España del «blanco y negro» (representada en un mítico Kirk Douglas) y a la España del tecnicolor (personificada en el legendario Alfredo Landa), sirviendo como nexo de unión entre ambas el ya populista Pablo Iglesias, que lo mismo interpreta un drama o una comedia o un wéstern o una vicepresidencia.
Lástima que por demorarse su elección como ministro no pueda optar a los Oscar y haya llegado tarde para competir con Antonio Banderas por el premio a mejor actor. Pero démosle tiempo a este nuevo intérprete del séptimo arte que se atreve con todos los géneros de la interpretación.
Desde el pasado lunes 13 de enero se proyectan en las Salas de la Carrera de San Jerónimo los filmes más destacados de Pablo Iglesias. Títulos como El pisito, No sin mi Irene, Los tramposos, Deprisa, deprisa, Furtivos, Amantes, Mentiroso compulsivo o El Azotador, entre otros.
Desde esta columna deseamos a Pablo Iglesias los mayores éxitos en el desempeño de su nueva faceta por el bien suyo, por el de Irene, por el de Pedrín (el de Roberto Alcázar), por el populismo, por los que se han ido y por los que quieren irse y por los que llegan, por los del feminismo, por los LGBT, por los del cambio climático, por los colectivos marginados, por los de Teruel, por los del centro (bueno, por éstos no), por los que creen en la igualdad entre las mujeres y los hombres… Por todos ellos y todas ellas sí se puede.

Un Jubilado por la Gran Vía



EL DÍA EN GALERADAS
Miércoles 25 de diciembre de 2019

Las necesidades del espíritu
DOS veces al año, desde que me divorcié, quedo con mi amigo Andrés. Una cita es a principios de verano y la otra, cuando se acercan las Navidades. Si la cita corresponde con el tiempo de verano, solemos quedar en cualquier lugar del Levante y si el encuentro es durante la Navidad, nos citamos en cualquier restaurante de la Gran Vía madrileña. «Nuestra» Gran Vía.
A Andrés lo conozco desde aquellos años de juventud en que cada fin de semana echábamos nuestras partidas de billar y frecuentábamos discotecas en busca de muchachas que quisieran compartir con nosotros esos momentos que nuestra juventud nos demandaba entre la gloria y el infierno y que tenían lugar en un piso de alquiler en el que, aparte de estos encuentros compartidos, organizábamos partidas de cartas con otros amigos del barrio, celebrábamos cenas con largas sobremesas en las que cada uno a su manera contaba de qué forma podríamos vivir un futuro en libertad y en democracia; también solía contarse alguna que otra trola. Pues bien, aquel piso de alquiler era además la vivienda de Andrés.
Atrás quedaron todas aquellas aventuras amparadas en una loca y, en ocasiones, irresponsable juventud. La vida nos condujo unas veces por donde quiso y otras, por donde nosotros queríamos caminar o al menos eso pensábamos. Nuestros encuentros de juventud se desvanecieron por la situación laboral de cada uno de nosotros. Andrés marchó a trabajar durante largas temporadas a Londres y con ello nuestra relación se limitó a algunas cartas o a algunos encuentros esporádicos durante las vacaciones de verano que aprovechábamos para visitar algún lugar de moda durante la época estival. Sin embargo, cuando nuestra amistad se tambaleó hasta caer en un abismo fue cuando durante unas vacaciones de verano conocimos a dos jovencitas que a la postre fueron nuestras esposas. Vamos que nos casamos por la Santa Madre Iglesia y hasta que la muerte nos separase. Sin embargo, no fue la muerte quien nos separó, sino otras circunstancias que ahora no vienen al caso y que algún día desvelaré. Pero volvamos a mis encuentros con Andrés. En esta ocasión nos citamos en un restaurante de la Gran Vía. La emblemática calle de Madrid había sido engalanada con las luces que anunciaban la Navidad y por sus aceras transitaban ciudadanos, unos llegados de provincias y otros, lugareños, que ponían cierto colorido a la noche madrileña.
Andrés y yo contemplábamos toda esa fauna consumista como lo veníamos haciendo desde hacía muchas Navidades. Sin embargo, con el paso de los años, todo era distinto. Habían cambiado los locales, los cines, las salas de fiesta, los transeúntes... Había cambiado hasta la propia Gran Vía y, por supuesto, nuestras conversaciones, nuestras necesidades y, claro, nosotros mismos.
Es curioso comprobar cómo tu top de prioridades va experimentando variaciones con el paso del tiempo y, por ello, las necesidades espirituales sufren tantas variaciones como si de una bolsa de valores se tratara. Y a esas prioridades del espíritu son a las que Andrés y yo dedicamos nuestros encuentros gastronómicos y anuales. Al principio de estas reuniones, cuando teníamos unos cuanto años menos, nuestras conversaciones fluían al amparo de una cena sobre nuestros proyectos, nuestra vida laboral, nuestros ideales políticos, nuestro número de conquistas amorosas y de las no amorosas, nuestras aficiones y, a veces, hasta de nuestra familia, sin darle importancia al verdadero anfitrión de la mesa: el menú. A continuación nos trasladábamos a cualquier sala de fiestas o discoteca para concluir en no se sabía bien en qué cama ni quién era la morena o la rubia que teníamos junto a nuestro cuerpo desnudo.
El tiempo pasa inmisericorde y con él pasa nuestra vida. Deja de importarnos la política. De la oficina, ni hablar, tan solo algún vago recuerdo sin importancia. De la familia... de la familia, mejor dejarla correr como al agua. Las aficiones: las que nos gustan ya no podemos practicarlas y las que podemos practicar no nos agradan. Los amores... pues los amores ni correspondidos ni sin corresponder, salvo algún escarceo ocasional. Y de los alimentos, ¿qué? Pues que el que no perjudica al riñón hace daño al hígado o te sube el colesterol. Vamos, que estamos a punto de pasar esa raya que marca la frontera entre vivir una vida de privaciones de toda clase y comenzar a tomar pastillas para toda clase de remedios.
Por ello, en las comidas o cenas que celebro junto a mi amigo Andrés, por un lado, nos saltamos toda clase de recomendaciones, tanto de las médicas, de las sociales, de lo políticamente correcto como de las que nos inculcó la Santa Madre Iglesia condenándonos al fuego eterno si no cumplíamos sus preceptos y, por otro, mandamos al diablo todas las privaciones y nos ocupamos de esas necesidades del espíritu de las que los médicos no tienen ni idea y disfrutamos, al menos dos veces al año, de lo que son los placeres de la vida: un buen amigo, una exquisita cena sin restricciones y con su correspondiente sobremesa regada con un buen coñac, un paseo por los santos lugares de antaño, unas copas y una compañía femenina de coalición. En pocas palabras, lo que toda la vida se viene llamando «echar una cana al aire».

Un Jubilado por la Gran Vía



EL DÍA EN GALERADAS
Martes 26 de noviembre de 2019

Cómo dejé de fumar
HACE unos dias leí en la prensa que Robert Norris, más conocido como el «hombre Marlboro», había fallecido a los noventa años y que nunca había fumado. Yo sí fui fumador.
La noticia hizo que me retrotrayese a aquellos años en los que, aún siendo un imberbe, quería imitar e incluso ser el hombre de Marlboro. Transcurrían los años sesenta y a mediados de esa década dejaba la férrea disciplina de un colegio religioso con misa diaria y fiestas de guardar para enfrentarme con un mundo en el que todo me resultaba novedoso, fascinante, ilusionante y hasta turbulento y pecaminoso. Empezaba a ver cómo era la vida fuera de los muros del colegio.
Comencé a trabajar y aparqué los estudios. Descubrí mi barrio y conocí nuevos amigos. La diaria asistencia a misa fue transformándose en visita cotidiana a los billares del barrio. Las clases de matemáticas se convirtieron en lecciones de cómo hacer carambolas en el juego del billar. El amor cristiano que me enseñaron aquellos curas del colegio se convertía en amores paganos y sin duda acreedores de las penas más terribles del infierno.
Durante ese devenir entre lo prohibido y lo permitido, en mi vida irrumpieron el mítico vaquero que anunciaba los cigarrillos Marlboro con su icónico sombrero y Humphrey Bogart con su cigarrillo entre los dedos. Aquellas imágenes me trasladaban a un mundo que representaba para mí el poder, la seducción, la libertad, el placer... y comencé a fumar.
Fumaba porque, entre otras cosas, fumar era bien visto por la sociedad y hasta llegué a creer que ello me reportaba más éxito con las chicas y porque con un cigarrillo entre mis dedos me sentía más seguro.
En alguna que otra ocasión ofrecer un cigarrillo era una forma de comenzar una conversación e incluso servía para llenar esos silencios que a veces se producían durante algún encuentro, llamésmolo amoroso. Me gustaba que cuando salía con una chica, ésta fumara. Encender un cigarrillo y ponérselo entre sus labios o ver la marca que su carmín dejaba en la boquilla del cigarrillo eran situaciones que me proporcionaban grandes dosis de morbo, tantas como las que aún me producen unos tacones de aguja.
Los fines de semana (el resto de la semana fumaba Bisonte o Tres Carabelas) compraba un paquete de Marlboro y lo compartia con mis colegas en los guateques, durante los partidos de pelota en el frontón Madrid o durante las partidas de billar de domingo por la mañana.
Asi, entre bisonte y marlboro, entre el trabajo y los billares, entre charlas con los colegas y conquistas femeninas, fueron pasando los años y cada día iba incrementando el consumo del tabaco. Me encontraba seguro con un cigarrillo en la mano. Esa seguridad me daba fuerzas para emprender nuevas empresas, tanto profesional como personal. Me matriculé en la Escuela Oficial de Idiomas para cursar francés. Y durante un descanso entre clases fui a encender un cigarrillo y en ese momento de búsqueda por los bolsillos tratando de encontrar el encendedor fue cuando una de las chicas cercanas a mí me ofreció una carterilla de cerillas de esas que anunciaban, bien un bar de copas, bien una discoteca. Nos enrollamos.
Ninguno sabía el tiempo que duraría aquello. Sólo teníamos claro que nos gustábamos mutuamente, que queríamos disfrutar sólo el presente sin mirar el futuro y que a los dos nos gustaba fumar y así comenzamos a salir y a despertar partes de nuestra piel que teníamos dormidas. Nuestra aventura navegaba a favor del viento hasta que una de esas tardes que pasábamos en cualquier discoteca ocurrió lo que jamás imaginamos ninguno de los dos que pasaría: comencé a aborrecer el tabaco.
Aquella tarde transcurría como una de tantas otras. Bailamos. Nos besamos. Volvimos a bailar y volvimos a besarnos. Disfrutábamos el presente hasta que ella dio una calada y acercó su boca a la mía en un ademán de besarme.
Yo entreabrí mi boca como había hecho en otras muchas ocasiones esperando sentir su lengua explorando todo mi interior, pero lo que sentí fue toda una bocanada de humo que me produjo náuseas y un cabreo impresionante que tardé varios días en olvidarlo, no así la sensación de ahogo que me produjo aquel beso envenenado, pues cada vez que encencía un cigarrillo y daba la primera calada sentía una sensación de rechazo que me obligaba a tirar el cigarro al suelo y pisarlo con rabia.
Días después, mientras nos besábamos dentro del coche, ella volvió a repetir la misma acción de depositar el humo del cigarro dentro de mi boca con lo que logró que vomitara manchando su vestido y la tapicería del asiento del coche, y cogiendo esta vez un cabreo monumental, que quizá hoy sería catalogado de violencia machista.
Durante los días posteriores iba aumentando mi rechazo al tabaco y al mismo tiempo hacia aquella muchacha. Poco a poco fuimos espaciando nuestras citas hasta llegar al final de aquella aventura que comenzamos con una carterilla de cerillas. Ella se marchó a Granada, no recuerdo a qué. Yo abandoné la Escuela de Idiomas, marché a Gijón de comercial en un concesionario de coches y dejé mi adicción al tabaco.
Todavía hoy conservo aquella carterilla de cerillas y llevo un encendedor en el bolsillo de la chaqueta por si alguien se acerca para decirme: «Por favor, me da fuego».

Un Jubilado por la Gran Vía



EL DÍA EN GALERADAS
Miércoles 20 de marzo de 2019

Todo tiene su fin
ATRÁS quedó 2018. Un año que muchos recordaremos porque se celebró el cuadragésimo aniversario de la  Constitución española o el año que un tal Pedro Sánchez, tras pactar con Dios y con el diablo, se alzó a los altares del poder, disfrutó con un falcón, hizo más viajes que todos los jubilados del Imserso juntos y se aseguró una pensión de lujo de por vida para regocijo propio y señora. Esto es hacer carrera. Al término de su embarazo presidencial (comienzos de 2019), presentó sus memorias y, entre los cambios más sonados mediante decretos-leyes durante su mandato al frente del Gobierno de España, puede atribuírsele el de un colchón para cama de matrimonio. Por el momento no nos consta que también haya cambiado las almohadas y la sábana bajera por decreto-ley.
Sin embargo, para mí 2018 fue el año en el que se cumplieron cincuenta años de la creación de Cosecha del 68. No. No se trata de un vino. Cosecha del 68 obedece al nombre que un grupo de muchachos, allá por el año 1968 y por iniciativa de una jovencita llamada Natalia, decidieron en aquel verano dar nombre propio al grupo que desde hacía un año se divertía los fines de semana, y especialmente en verano, en la discoteca de Chapinería, un pueblo cercano a Madrid. Por ello, aquel verano del 68 fue algo especial para todos los integrantes de aquella cuadrilla (chicos y chicas).
Los fines de semana se sucedían, y la unión y la complicidad de todos nosotros iban ganando enteros. Solíamos reunirnos en Aldea del Fresno, lugar del que algún miembro del grupo era natural o bien sus padres tenían una segunda vivienda. La empatía que reinaba entre nosotros era tal que continuó más allá del verano y fue prolongándose durante el resto de las estaciones. Acudir un fin de semana a Aldea y Chapi fue convirtiéndose para todos nosotros en una fiesta de precepto y en lugar de amoríos para muchos, de amores para otros y de desamores para algunos. Todos ellos alimentados por la brasa que aviva el fuego hormonal propio de una juventud estigmatizada por la censura sexual a la que estaba sometida por el régimen franquista. Cosecha del 68 permaneció unido durante cinco años.
En el verano de 1969, el grupo musical Módulos lanza una de las baladas más destacadas en el panorama musical español, Todo tiene su fin, que acabó con la norma de que las canciones comerciales debían tener cerca de tres minutos de duración. (Años más tarde, esta balada recobró un gran éxito con la versión del grupo cordobés Medina Azahara publicada en 1992.) Está canción fue una de mis preferidas durante aquel periodo. A esta preferencia se sumó Natalia. Con sus acordes nos enamoramos, nos desenamoramos, nos quisimos y nos odiamos. El azar quiso que Todo tiene su fin también fuera el anuncio del final de Cosecha del 68. Poco a poco la cuadrilla fue disgregándose. Unos encontraron pareja fuera del grupo; algunos sufrieron desengaños y decidieron buscar consuelo en otro lugar; otros se trasladaron a otra ciudad e incluso a otro país. Este fue el caso de su fundadora, Natalia, que, tras vivir en varias ciudades españolas, se marchó a Montreux (Suiza) y de la que, debido a la falta de redes sociales y del wasap, no volví a tener más noticias, salvo en un par de ocasiones en las que coincidimos en la feria del SIMO allá por la década de 1980. El tiempo fue pasando y los veranos fueron sucediéndose hasta llegar a 2018.
El verano de 2018 me pilla en Madrid. Los paseos por su Gran Vía me habían ahorrado unos cuantos euros en psicólogos para superar una depresión tras mi separación. Una separación ya muy lejana, pero con heridas que ni el tiempo ha sido capaz de cicatrizar. Heridas más económicas que amorosas, pues mi ex me dejó solo con un póster de la Gran Vía de Madrid por todo patrimonio. El trayecto comprendido entre mi domicilio en la calle de Alberto Aguilera  hasta la plaza de Callao se había convertido en un recorrido cotidiano al atardecer que terminaba contemplando la Gran Vía desde el mirador del Club del Gourmet en El Corte Inglés mientras tomaba una cerveza.
En aquel verano de 2018, Madrid respiraba y vivía las Fiestas del Orgullo Gay. Unas celebraciones que no despiertan en mí interés alguno, aunque debo reconocer que le ponen un punto de color a esa Gran Vía de mis amores y pecados. Una Gran Vía a la que contemplaba una tarde más desde mi atalaya de El Corte, abstrayéndome del ruido que reinaba a mi alrededor.
De pronto, mi ensimismamiento se desvaneció al oír la melodía de un móvil tras de mí. Era aquella misma melodía que puso la banda sonora a unos años de juventud vividos y disfrutados entre la pasión y el odio. Sorprendido, me giré hacia atrás y quedé aún más sorprendido cuando vi quién respondía a esa llamada que acababa de producirse. «¿Sería ella?», me pregunté. Ambos nos miramos con cierto aire de perplejidad.
Cuando la mujer que respondió a la llamada terminó la conversación, se acercó y al llegar junto a mí me susurró: «Chapinería, Módulos, 1973». Sí. Era ella. Natalia Rodríguez del Álamo. Habían pasado cuarenta y seis años desde aquel verano en el que ambos habíamos bailado juntos aquella melodía por última vez. Pese al tiempo transcurrido, Natalia aún conservaba una estupenda figura que resaltaba con un conjunto vaquero. Se notaba que dedicaba parte de su tiempo a cuidarse.
La invité a tomar un café. Aquella complicidad y aquella chispa de antaño pronto aparecieron. El pasado y el presente se mezclaban atropelladamente. Paseamos por Gran Vía mientras hacíamos un repaso a aquellas noches de juventud que vivimos junto a la orilla del río Alberche. La chispa y la química fueron in crescendo y el tercer café se lo llevé a la cama.
El destino o la casualidad, no podría decir en qué proporción, quisieron que la canción de Módulos avivara nuevamente aquellas pasiones y que termináramos aquel asunto que un cabo de la Guardia Civil había interrumpido una madrugada de verano cuarenta y seis años antes porque estábamos quebrantando la moral y la decencia.
A la mañana siguiente de nuestro encuentro acompañé a Natalia a su hotel para que recogiera su maleta y partimos hacia el aeropuerto. Su vuelo para Montreux salía al mediodía. Nos despedimos con un abrazo, y al separarnos Natalia depositó un beso en la comisura de mis labios. Cuando quise hablar, ella poniendo el dedo índice en mis labios y con una sonrisa voluptuosa me dijo: «Por fortuna, Pedro Sánchez aún no ha podido desenterrar a Franco. Jamás perdonaremos al dictador la represión sexual que padecimos la Cosecha del 68».
Minutos más tarde, el vuelo con destino a Montreux partía de las pistas del aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez...
Una semana después de la partida de Natalia y mientras hojeaba una revista en la sala de espera del dentista, vi una fotografía de Natalia en la que aparecía detrás de una pancarta a favor de los gais y lesbianas en una de las muchas manifestaciones durante las Fiestas del Orgullo Gay. Aquella muchacha que en 1968 se quitó el sujetador para luchar por una incipiente igualdad de sexos y los derechos de la mujer, cincuenta años después continuaba su lucha.

(Así se fundó, así se reconstruyó y así se desvaneció Cosecha del 68 entre la ficción y la realidad.)

Un Jubilado por la Gran Vía